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09 febrero 2010

Argentina: Buenos momentos al pie de la Cordillera

Todo lo que quieras, un solo lugar". He aquí el eslogan de San Martín de los Andes, una aldea de montaña, junto al lago Lácar, en Neuquén. Y uno quiere todo, atragantándose, porque hay tanto y tan bello, que "faltan ojos". Por la ventanilla del bus, una ráfaga de verdes contrasta con el amarillo intenso de las retamas que, a ambos lados de la Ruta Nacional 234, crecen furiosas y trepan a los cerros con descontrol. El viajero las disfruta pero el lugareño refunfuña porque "son plaga", dice. San Martín de los Andes fue fundada en 1898 -un conglomerado de aserraderos- y desde 1937, cuando se creó el Parque Nacional Lanín, su carácter, su identidad, cobrarían un indeleble sello turístico.

Descubriendo un mundo

Una infinita cantidad de estímulos despiertan en el visitante una curiosidad insaciable. Al llegar, los datos desbordan y se cae en una suerte de entropía, que en lingüística y más precisamente para la semiótica, es el exceso de información y su consecuente caos. Con el pasar de los días, se apaciguan las ideas, se "metaboliza el atracón de paisajes" y celebramos el placer de estar ahí. Entonces decantamos y elegimos. Y llegamos a mirar lo que vimos: aquel cartel en la Municipalidad, "San Martín de los Andes, zona no nuclear, a favor de la vida y la paz". Es un texto en otro contexto.

Así, con una calma entusiasta, caminamos con tiempo hasta el lago y subimos a un bote que nos pasea por ese espejo azul. Estamos a 640 m sobre el nivel del mar y a 40 km de la frontera con Chile. Augusto Gorchs rema y describe el entorno con mucha pasión: "Aquel es un bosque de cipreses que crecen entre las piedras; las raíces tienen forma de cuña y se meten en las grietas para expandirse y alimentarse con lo que encuentran. Más allá, el roble pellín -que no es un verdadero roble- y el raulí. Los dos son endémicos", dice Augusto, que también organiza cabalgatas y turismo aventura.

De regreso, en el pequeño puerto, el profesor de Educación Física Bebe O´Connor prepara los remos para una práctica en grupo. Hasta la nueva y asoleada costanera llega el perfume a rosas y lavandas, que están en veredas y casas.

Antares Patagonia fue vivienda y hoy es una hostería 4 estrellas. Aunque allí uno no se hospede, se puede visitar. Afuera, un jardín con una piscina. Al entrar, una piedra de la casa de Yapeyú del general San Martín. En el salón de estar, muebles sirios del siglo XVIII hechos en plata, nácar y marfil, una Biblia de 1545 y, en el primer piso, otra reliquia: un bordado en canevá realizado por Manuelita Rosas. A los tesoros antiguos se suman instalaciones ultramodernas: diez suites y un salón para eventos con máximo confort.

El paisaje arquitectónico

Si hay algo que suma a la fisonomía de San Martín, es su peculiar arquitectura, cuidada por normas que se cumplen. Las viviendas de los pioneros -erguidas desde principios de 1900- se mantienen que da gusto. Es el caso de La Casa de Eugenia, un hotel boutique que en 1920 fue la primera sede de la Administración de Parques Nacionales. Al pie de la Cordillera, pintada de azul profundo y aberturas blancas, está construida en madera de raulí, un árbol omnipresente del Parque Nacional Lanín.

Otra casa próxima a abrir como museo es la de Rodolfo Koessler y su esposa, la escritora Bertha Ilg. Koessler fue el primero y único médico del pueblo por más de una década: partero, dentista, cirujano, farmacéutico. "Mi abuelo era un tipo extraordinario; tomaba su maletín, ensillaba el caballo y se iba al campo a curar enfermos. Algunos llegaban hasta esta casa, que compró en 1923, y se atendían en el consultorio. Guardamos todo lo que tenía: el instrumental, frascos con las drogas que usaba para formular medicamentos, muebles, ropa. Vamos a poner cada cosa como estaba antes porque queremos que la gente visite los 19 ambientes. Así se podrá apreciar cómo se vivía en la Patagonia de entonces", dice Federico Koessler.

La otra joya arquitectónica -sobre la ruta de ingreso a San Martín- fue levantada por el matrimonio de Roque Bello y Rosalía Contreras en 1900. La mujer tenía huerta, frutales, ovejas, caballos y vacas. Restaurada, tiene pisos y paredes de raulí, tapizados originales de papel inglés sobre las paredes, muebles históricos y ventanales con profusión de vidrios repartidos. "Era imposible traer vidrios grandes desde Buenos Aires; llegaban rotos", comenta orgulloso Juan Manuel Boschi, detallista a ultranza y dueño de Ku de los Andes, la parrilla gourmet que funciona allí. Cuenta con un menú excepcional y una carta de vinos editada por él, en función de la cava que armó con un sommelier. El plato principal ronda los $ 50. Para beber, obviamente los buenos vinos del Sur: el tinto malbec o pinot de El Calafate o algún blanco de Familia Schroeder. Muy bien logrados están la trucha al limón, el ciervo con mostaza ahumada y el bife de búfalo a las tres pimientas, que Boschi trae del delta entrerriano. Carne sabrosa, tierna y magra. De postre, volcán de chocolate o tarta tibia de manzanas.

Días de playa

Verano, sol y más de 30 grados de temperatura. Está para ir a la playa Catritre, el balneario más próximo a la ciudad, en la margen izquierda del Lácar; a Quila Quina, adonde se accede por la Ruta de los Siete Lagos o en lancha, con arena fina y rodeada de un bosque que exhibe robles, ñires, maitenes y radales. La villa homónima y cercana es hábitat de mapuches de la comunidad Curruhuinca. Viven en casas con cercos de palo a pique, huertas y corrales. Muchos tienen puestos de artesanías. Otra opción es la playa de Yuco, a 30 km de San Martín por la ruta 48 que conduce hacia Chile, con piletones y un camping libre.

Mientras uno se asolea o duerme una siesta a la sombra, otro puede generar adrenalina extra con cuanto deporte náutico se le ocurra (kayak, windsurf, kitesurf, remo o rafting) en los lagos Lácar, Machónico y Machónico Chico y los ríos Hermoso y Aluminé. Conviene contratar a un guía experimentado.

Las estrellas se ven más cerca y la luna, más grande. Por eso las cabalgatas nocturnas o diurnas son un placer para grandes y chicos, así como hacer trekking en el cerro Chapelco, que no tiene nieve y se convierte en un gran parque de diversiones. Los más corajudos trepan el Lanín hasta la cumbre del volcán o hacen mountain bike por los circuitos de montaña que ofrecen un exigente ascenso y algunos descensos muy veloces. El ciclismo de altura está muy de moda y lo bueno es pedalear en cornisas de curvas bien cerradas. Lo mismo que el canopy, que lleva a deslizarse hasta 250 m a 25 km por hora, colgado del arnés del cable de acero entre las copas de árboles.

Las historias y las vidas

La pesca con mosca dejó de ser un deporte para transformarse en un ritual y un "duelo de caballeros" entre el pescador y su presa. Varias clases de truchas y salmones esperan el desafío. Los habitués conocen cada cm cúbico de arroyo, lago o río; los que recién empiezan, contratan un guía de pesca.

Héctor "Toti" Palmer es un pintor autodidacta que vende originales y serigrafías a fanáticos pescadores. Junto a más de veinte artistas, integra La Ruta del Arte, un producto turístico y cultural creado por Juan Sabatini y su mujer Claudina. Consiste en visitar a los pintores, artesanos, tallistas en madera y creativos del lugar, en sus propios talleres, para interactuar con ellos y observar sus obras. Tras ellas se pueden hurgar historias que dejan pensando, como la de Darío Mastrosimone, un contador porteño. Cansado de Buenos Aires, vendió todo y partió con su familia a San Martín de los Andes, buscando una vida mejor. Su proyecto de vivir de la pintura fue por demás ambicioso. "Con el maestro Georg Miciu aprendí la técnica del espatulado en óleo. Mi inspiración, así como la paleta de colores, las obtuve en este paisaje", recuerda y señala la gama de verdes que se ven tras el gigantesco ventanal de su atelier. En la Ruta también está la arquitecta Eugenia Morano, que llegó a San Martín desde La Plata para la construcción del Complejo hotelero Rincón de los Andes. Ahora diseña botas, zapatos y zuecos.

Golf y buena mesa

También por la ruta 234, los verdes se reproducen y se afelpan, como en una ondulada alfombra natural. Es el campo de golf del Chapelco Golf y Resort, diseñado por Jack Nicklaus, quien fue considerado el mejor jugador del mundo. Tiene un exclusivo club house, un lodge a la vera del río Quilquihue y el hotel Loi Suites, el único 5 estrellas de San Martín. La cancha respeta la topografía, con 18 hoyos entre montañas y bosque andino. Para el amante del golf, es un paraíso, a 18 km del centro y a 7 km del aeropuerto.

En la propuesta gastronómica de San Martín se destaca el rubro de los chocolates. Mamusia y Tatus vivían en Polonia y emigraron a la Argentina. "Mi abuelo era contador y mi abuela cocinaba; hacía chocolates para sus amigos y vecinos. Se le ocurrió abrir las puertas de la casa y empezar a vender", dice Faustina, nieta y mano derecha de Tatus. Más que una fábrica, es una gran cocina, donde un puñado de profesionales prepara más de 60 variedades de chocolate, que sólo se venden en una esquina de la calle San Martín, con las paredes pintadas con flores y guardas a todo color.

Para una comida típica, El Regional ofrece tablas de fiambres y encurtidos, y bocados calientes como gulash, acompañados por cervezas artesanales. Ahumadero El Ciervo ofrece exquisitos salamines de ciervo y jabalí, ahumados de trucha al vacío y hongos secos o en escabeche. Mario se dedica a salar, secar y ahumar las carnes salvajes con maderas de la zona, imprimiéndoles un aroma especial.

Chivito, cordero patagónico, lechones y parrillada de achuras es la especialidad de La Posta Criolla y Patagonia Piscis. Para mariscos, paellas, tostones con langostinos, cazuelas o salmón, El Mesón de la Patagonia, a cargo de Juana y Raúl Duarte. Con chicos, algo rápido y sabroso se puede ordenar en La Barra. Alan Wettstein tiene pastas artesanales y pizzas que son manjares y, de regalo, una formidable vista al Lácar.

Aires de Oriente

Para presupuestos de amplio espectro (desde cabañas y hostales a 5 estrellas), gustos diferentes y un paisaje que no sólo se contempla: también se vive.

La hostería Lahuen Co acaba de inaugurarse en el área protegida de bosque andino-patagónico del Parque Nacional Lanín, a 82 km de San Martín de los Andes. Todo el complejo Lahuen Co, Eco Resort y Spa termal se realizó con estrecha interacción entre guardaparques y la familia Kopyto, dueña de la idea.

El spa termal fue concebido con el asesoramiento del maestro japonés Eiji Mino Sensei, del Centro Zen Shiatzu. Tiene cuatro piscinas internas a distintas temperaturas y externas. Se comienza por el tepidarium (piscina con agua a temperatura corporal, 37°) y se avanza hasta los 42° antes de pasar a las duchas con varios grifos y el almuerzo.

Al llegar, Shizuto Masunaga propone 20 minutos de ejercicios de estiramiento. Por la tarde, realiza masajes que pueden tomarse al aire libre. Hay más propuestas: caminatas, paseos por el lago, avistaje de aves y expediciones de montaña con diferente nivel de dificultad. Las salidas son con guías bilingües y se extreman las precauciones.

En Lahuen Co no hay señal para celulares, televisión ni teléfono y el servicio wi fi es condicional. No pueden ingresar niños y hay menú para celíacos, diabéticos, vegetarianos y comidas livianas.Lahuen Co organiza vuelos privados entre los aeropuertos de Bariloche y Chapelco. Desde ahí, la camioneta del resort transita la estepa, el bosque y la selva valdiviana y recorren ocho lagos, lagunas con playas de arena volcánica, un escorial de lava petrificada y el volcán Achén Ñiyén, cerca de las termas de Epulafquen, donde está el spa.

Y nada más. Ni menos. Irse de San Martín de los Andes es incorporar al archivo personal la existencia de otro de esos "lugares en el mundo" que parece increíble que existan en paralelo al vértigo y las tensiones de las grandes ciudades. Pero no fue un sueño. Está allí. Y siempre queda la posibilidad de pegar la vuelta.

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