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25 julio 2009

Argentina: Ushuaia, el fin del mundo o donde todo comienza

Kenai mira con insistencia, ansioso, a Martín, el conductor de un trineo a punto de partir tirado por una formación de ocho perros huskies siberianos y alaskanos, en Llanos del Castor, un centro invernal cercano a Ushuaia, en Tierra del Fuego. Kenai sigue mirando fijamente hasta que Martín grita la esperada orden: "¡Okeeeeyyyy!" Entonces sí, se da vuelta y, junto a sus siete compañeros, arrastra con inacabable energía el trineo rumbo al bosque de lengas, donde se dibujan varios circuitos para estas divertidas excursiones de trineos tirados por perros.

Esta es una de las actividades con la que los centros invernales de Tierra del Fuego reciben a los visitantes que disfrutan del espectáculo único de la naturaleza más austral del continente: montañas y bosques de lengas y coihues cubiertos de blanco, ríos y arroyos a medio congelar que bajan suavemente las laderas, la Cordillera de los Andes que aquí, en el fin del mundo -o el comienzo de todo, como prefieren llamar al lugar los fueguinos-, desciende y se hunde en el Canal de Beagle. Un escenario tan espectacular como perfecto para realizar gran cantidad de actividades que en invierno, claro, se basan en el contacto con la nieve.

Esquí y cordero a la cruz

Son al menos 14 los sitios para practicar actividades invernales en Ushuaia, pero sin dudas la estrella es Cerro Castor, uno de los centros de esquí más nuevos y modernos de Sudamérica, 26 km al nordeste de la ciudad, por la ruta nacional 3. El pasado 9 de julio Castor festejó su 10° aniversario, con novedades como nueva telesilla, nueva pista y dos alfombras transportadoras -novedosos medios de elevación- en la cota 480. Así el centro suma ya 24 pistas y una temporada que por la latitud, el clima y la disposición geográfica -las pistas prácticamente no reciben sol en forma directa, por lo que la nieve se conserva más tiempo con excelente calidad-, se extiende desde junio hasta mediados de octubre.

Aquí las estrellas son el esquí y el snowboard, claro, pero también la buena mesa, sobre todo en el restaurante Morada del Aguila. Entre sus mesas, en torno de un gran fogón, el deporte favorito es contemplar el bosque nevado a través de los grandes ventanales. Bueno, al menos hasta que llega una suculenta y humeante cazuela de cordero. Además del cordero -que también se puede saborear asado a la cruz-, el otro gran distintivo de la gastronomía fueguina es la centolla, que en Cerro Castor se puede degustar incluso en sushi, en el cálido refugio de Cota 480, en medio de la montaña blanca.

Bajando del cerro, la ruta 3 surca, sinuosa, el Valle de Tierra Mayor, donde varios complejos invernales ofrecen aprender y perfeccionarse en actividades como caminatas con raquetas, excursiones en motos de nieve, trineos con perros y esquí de fondo. Y ya que Ushuaia es la "Capital Nacional del Esquí de Fondo", hay muchas pistas para elegir, e incluso travesías de más de un día, pasando la noche en carpa. El tercer fin de semana de agosto, la tradicional travesía de esquí de fondo "Marcha Blanca" une los distintos centros de este valle. Varios de ellos, además, ofrecen excursiones nocturnas por la nieve, que combinan raquetas, motos de nieve y trineos, y finalizan con una suculenta cena.

Cuando estamos por irnos de Llanos del Castor, un zorro colorado se acerca temeroso y curioso, resulta una víctima repentina de mil fotografías, y demora nuestra partida. A los "forasteros" este contacto con la fauna puede parecernos raro, pero es otro gran atractivo de la zona. También se ven guanacos, conejos, patos, carpinteros patagónicos y, claro, castores, especie introducida en la década del 40 que se transformó en plaga. Y aunque en invierno hibernan, una de las caminatas con raquetas aquí propone visitar una cercana castorera habitada.

"El tren de los presos"


"Aquí finaliza la Ruta Nac. N° 3. Buenos Aires, 3.079 km. Alaska, 17.848 km". El cartel, en el ingreso a la Bahía Lapataia, extremo sudoeste del Parque Nacional Tierra del Fuego, es sin dudas uno de los más fotografiados de todo el país. La foto con la señal tallada en madera de lenga parece un paso obligado de los turistas que bajan a contemplar la bahía en la que desemboca el río Lapataia, palabra de origen yámana -etnia originaria de la zona- que se traduce como "Bahía de la buena madera".

La nieve y el hielo obligan a caminar con cuidado por las pasarelas de madera que cruzan la turba -típico suelo de la zona, muy utilizado como abono natural-, y las nubes bajas y borrascosas ayudan a que por momentos el paisaje parezca en blanco y negro. Tan distinto a la primavera y el verano, cuando aquí todo es verde, flores y pájaros. El Parque Nacional tiene 63.000 hectáreas de extensión, y es el único del país que combina costa, bosques y montañas.

Una buena opción para adentrarse en el Parque es tomar el Tren del Fin del Mundo, un ferrocarril turístico, con pintorescas locomotoras a vapor, que hace el mismo recorrido que décadas atrás -desde comienzos del siglo XX hasta 1952- hacía el tren que transportaba a los presos del presidio de Ushuaia, hoy convertido en museo. Los numerosos troncos de árboles talados que se ven en los alrededores de las vías, enmarcadas por el río Pipo y el monte Susana, son el recuerdo del trabajo que debían realizar los reclusos de entonces: conseguir madera para la cocina y la calefacción del presidio.

Sobre el Cabo de Hornos

El atardecer siempre tiene un encanto especial en la Patagonia, y ni qué hablar si se disfruta desde una piscina climatizada con vista al Canal de Beagle, o desde un comedor con grandes ventanales, chocolate humeante de por medio. Todo esto es posible en el hotel Los Cauquenes, en un nuevo barrio de la ciudad que casi "se moja los pies" en el Beagle.

Hacia el otro lado se divisa la Cordillera, en uno de cuyos rincones el pequeño centro de esquí Glaciar Martial, que ofrece más actividades en la nieve -incluyendo un circuito de canopy en el bosque- y también una de las vistas más espectaculares de la ciudad de Ushuaia, el canal y, detrás, las cimas nevadas de Chile.

Con esa vista seguramente sólo pueden competir las que se consiguen desde el Pipper Cherokee que realiza vuelos de bautismo desde el aeroclub local. Hay distintos circuitos para elegir: se puede volar sobre lagos, montañas, estancias como Harberton o Rivadavia, el Canal de Beagle y el faro Les Eclaireaurs. O llegar hasta el mítico Cabo de Hornos, ese encuentro de océanos responsable de tantos naufragios. El aeroclub está armando un nuevo espacio de turismo cultural: el museo aeronáutico más austral del planeta. Ya cuenta con un viejo DC3 restaurado, y recientemente inauguró una réplica del emblemático "Cóndor de Plata", aquel biplano que, al mando del alemán Gunther Plüschow, pasó a la historia por ser el primero en sobrevolar estas tierras frías y ventosas, allá por 1928.

21 julio 2009

Mapa de puntos Wifi en Buenos Aires

Por suerte, ya son muchísimas las ciudades del mundo que nos ofrecen la posibilidad de ir con nuestros ordenadores portátiles y conectarnos en muchos puntos de la ciudad vía Internet inalámbrica, de manera tal de poder contarle a los familiares y amigos que se quedaron en casa cómo nos está yendo en nuestra travesía.

Buenos Aires, la capital argentina, es una de estas ciudades y gracias a sitio PC Fix podemos encontrar fácilmente mediante un mapa de Google los sitios en los que podemos conectarnos.

Esta guía Wifi de Buenos Aires incluye las zonas del conurbano, es decir, de la provincia de Buenos Aires pero aledañas a la ciudad.

Debajo del mapa la información gráfica se amplía con un listado con los lugares en los que se indica el nombre de la tienda, restaurante, centro comercial o café que ofrece el servicio, la dirección exacta y el barrio o zona en el que se ubica.

Ésta es una de esas herramientas simples que ofrece la informática, pero no por ello menos útil ni valiosa a la hora de tener en cuenta durante nuestro viaje.

Vía: Diario del Viajero

Chile: Diario de viaje "Al otro lado de los Andes"

El viaje a Chile cobra sentido antes de llegar a destino. En el preciso instante en que el avión sobrevuela los picos nevados de los Andes, uno siente que para describir la sensación de volar sobre esta maravilla natural no alcanzan las palabras. O sobran. Y después de un sinfín de reflexiones, comienza una compulsión por fotografiar las montañas. ¿El resultado? Imágenes preciosas, con el sol dorando las nieves eternas, que aparecen como una maqueta pintada a la perfección sin lograr hacerle justicia al paisaje real.

Es posible que esta vista -la aérea- sea la más espectacular e intimidante, pero lo cierto es que la Cordillera estará en todo momento en el horizonte de Santiago. Una ciudad marcada por los contrastes entre su casco histórico y los barrios modernos; con próceres familiares -empezando por el mismísimo San Martín- y los anuncios de festejos para el Bicentenario en 2010; y la gran demanda del turismo de negocios y convenciones. Pero al mismo tiempo, la capital chilena funciona como la puerta de entrada para la mayoría de los destinos turísticos, con rutas que parten hacia el desierto del norte, los lagos del sur, los cercanos centros de esquí y la diversidad que presenta el Valle Central, con sembrados agrícolas y viñedos, desde las montañas hasta la costa marina.

Aun para quienes ya conocen la ciudad, lo mejor es recorrer primero el Centro Cívico de Santiago. Se trata del área donde se concentran las principales dependencias y edificios de gobierno, como el emblemático Palacio Presidencial La Moneda de cara a la Plaza de la Constitución. En tanto, frente a la fachada sur de La Moneda -como se lo llama en forma coloquial- se sitúa la Plaza de la Ciudadanía, en cuyo subsuelo fue inaugurado un centro cultural, que posee exposiciones permanentes e itinerantes.

A pocos metros se encuentra la histórica Plaza de Armas -surgió con la fundación de Santiago de Nueva Extremadura, en 1541-, flanqueada por la Catedral Metropolitana y el Museo Histórico Nacional. Imperdible, su recorrido se remonta a la Conquista Española y termina en una vitrina con los restos de los anteojos de Salvador Allende y la portada del diario El Mercurio de 1973: "Junta militar controla el país".

Muy recomendable, para conocer el Parque Metropolitano hay que tomar un funicular y subir por el cerro. La primera estación es el zoológico, y luego, sigue hasta la cima. Allí encontramos una cantidad insospechada de ciclistas, contemplando la panorámica de la ciudad y mezclados con extranjeros que compran souvenirs y el típico mote con huesillo.

En plena hora "del taco" (hora pico) y un tránsito caótico, llegamos a Sanhattan. Así llaman los chilenos a la zona más moderna de la ciudad, proponiendo un juego de palabras entre Santiago y Manhattan. Un ejemplo de esta cara santiaguina es el flamante hotel W, con un concepto innovador, urbano y sofisticado. En el rubro gastronómico se destaca Puerto Fuy, que ofrece detalles como cata de cervezas y de sales, una carta de aguas, ocho tipos de azúcar y perfumes para postres.

Hacia Viña del Mar y Valparaíso

En una hora y media de auto llegamos a Viña del Mar, moderna, alegre, balnearia, soleada. En "la ciudad jardín" (siempre hay flores) se respira un aire de veraneo permanente, aunque estemos en invierno. También junto al Pacífico se encuentra Valparaíso, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Recuerda a Nueva Orleans, a las construcciones sobre los morros de Río de Janeiro, a la bahía de San Francisco, a Nápoles... Tiene algo de todos y de nadie que la hace única. Como los ascensores para subir o bajar de los cerros, las calles de los ateliers, el Paseo Atkinson y el famoso Café Turri. Aquí -como en La Chascona de Santiago, o en Isla Negra-, están presentes las huellas de Pablo Neruda. La Casa Museo La Sebastiana tiene escaleras angostas, objetos personales, rarezas -hasta un caballo de calesita en el comedor- y ventanales hacia las casas coloridas y el mar.

Entonces, un fragmento del autor de "Una casa en la Arena" lo resume todo: "El Océano Pacífico se salía del mapa! No había dónde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana".

Se asciende al parque metropolitano de Santiago en funicular, y desde la cima se aprecia la ciudad con la Cordillera de fondo.

Peru: Lima en 10 revelaciones

El cebiche, el arte, las historias y el pisco. La capital peruana, un mundo intenso y multicolor, se puede descubrir dejándose tomar por sorpresa, o con la ayuda que proporciona la autora de esta nota que hace foco en todo lo que no se debe pasar por alto. Desde la vida cotidiana hasta las tradiciones prehispánicas.

1. Historias del Hotel Bolívar

Con una ubicación excepcional e histórica, en el corazón de Lima y al frente de la Plaza San Martín, (Jirón de la Unión N° 958), este emblemático hotel es uno de los pocos octogenarios que quedan en pie. A 20 minutos del aeropuerto y 15 del distrito comercial de Miraflores, fue edificado lujosamente para alojar a presidentes y altos dignatarios de gobierno de la época republicana. Después de haber sufrido los embates del tiempo, los sismos y los conflictos de intereses, fue puesto en valor y su arquitectura conserva hoy el diseño original (obra del Arq. Rafael Marquina, 1924-1925) que lo convirtió en Patrimonio Histórico Cultural. Pero hay otra historia que Juan de la Cruz, ex empleado del hotel, sabe contar. Y es la de sus huéspedes "entre las sábanas" y la de toda verdad (y nada más que la verdad) sobre el pisco. Historias como la del actor Orson Welles, que solo y en una noche, bebió cuarenta y dos copas. O la de Ava Gadner, otra diva pero de Hollywood, quien -"post-pisco"- salió corriendo por los pasillos en bata transparente. "Allí, en esa mesa -señala De la Cruz-, estuvo una tarde Jorge Luis Borges." También solían venir otros escritores como William Faulkner y Ernest Hemingway. Armando Manzanero, José Luis "El puma" Rodríguez y Mick Jagger pasaron por aquí. Y también presidentes como Charles de Gaulle, Raúl Alfonsín "y nuestro Alejandro Toledo, quien la noche de las elecciones presidenciales de 2000, se bebió unos cuantos tragos de pisco puro, antes de salir al balcón y hablarle a la multitud", cuenta entusiasmado aunque lo haya dicho cientos de veces.

2. El pisco

Lo del pisco es irrefutable: se produce en Perú desde fines del siglo XVI y es una variedad de aguardiente de uvas. No es chileno. El pisco es una palabra quechua que significa "avecilla". Tomó su nombre del puerto ubicado a 300 km al sur de Lima, desde donde se transportaba hacia España y diversos países de América del Sur. Lo del pisco sour es otra cosa. Surgió circa 1920 en el Bar Morris, del estadounidense Víctor Morris, que se inspiró en el sour británico (modo de beber el gin) y creó la receta. Dicen que uno de los mozos del Morris se la llevó al bar del Gran Hotel Bolívar y el trago se hizo allí legendario. Sin duda, el hotel es "el" lugar para los sedientos de leyendas.

3. La Huaca Pucllana

Si camina por Miraflores -una zona "paqueta"- se va a encontrar con una pirámide de adobe del tamaño de un estadio de fútbol. La construcción data del siglo V dC. y pertenece a la cultura Lima, que floreció entre los años 200 y 700 dC.: era un pueblo de artesanos mansos, sin ejército, que adoraba el mar. Pero el edificio y su entorno se usaban para ceremonias religiosas y políticas. Es uno de los últimos hallazgos arqueológicos de la ciudad, descubierto y puesto en valor por un equipo científico, que inició sus investigaciones en 1981. Hasta ese momento, los vecinos lo habían convertido en basural. Hoy se asoma entre casas, librerías, cines y boutiques, generando visuales surrealistas. ¡No se puede creer!

4. La cocina fusión

En Lima conviven tres culinarias típicas: la costeña, la andina y la selvática. Pero hay que sumarle una cuarta, que revolucionó el mundo gastronómico, y es la cocina de fusión, donde lo nacional se mezcla con lo foráneo. Ejemplo: el tradicional tiradito de atún se sirve con salsa de maracuyá, con miso y wasabi. Sin embargo, otra corriente le hace culto a lo criollo: es la que ofrece cientos de variedades de papines andinos (feítos de aspecto pero sabrosos como ninguno), de muchos colores y un gusto exquisito. Hay un restaurante que tiene una carta con 600 platos y ya figura en el Libro Guinness. Otro con un circo en su interior: mientras el equilibrista cruza el aire por el fino alambre, la gente devora anticuchos o comida de chifas (o sea, china).

Para entender este estallido culinario, vaya al Mercado Central y entre a una cebichería. "El cebiche es el sushi latinoamericano" (lo dijo Douglas Rodríguez, un excelente cocinero cubano norteamericano, creador de la corriente "Nuevo Latino":el plato consta de pescados crudos (aunque cocidos por maceración en jugo de lima o limón), trocitos de ajíes "temperamentales", cebolla, sal y hojas de cilantro fresco. Camine por la avenida La Mar, muy cerca de la Costa Verde que bordea Miraflores, y coma el típico o el de fusion al que le ponen mango y curry.

5. Los parques

Con un encanto especial está el Olivar: tiene 450 años y nos tienta a caminarlo sin prisa pero sin pausa. Tiene más de 2.000 árboles cargados de aceitunas y está en el exclusivo barrio de San Isidro. La leyenda dice que creció de tres ramas que plantó San Martín de Porres, el santito negro del Perú. Otra opción es la caminata por la Costa Verde, desde su malecón (muelle) de Chorrillos hasta el barrio La Punta en el Callao. No es difícil toparse con algunos vecinos ilustres haciendo jogging: Mario Vargas Llosa sale cada mañana si está en Lima, con ropa deportiva.

6. Barranco

Es el distrito que congrega a la mayoría de la comunidad artística limeña. Escritores, poetas, artistas plásticos y músicos pasan sus días bajo un clima creado por antiguas casas coloniales, cercanas al mar. En todos los bares y pubs presentan música en vivo. Y puede ocurrir que en alguno, lo encontremos a nuestro Fito Páez o a los ibéricos Joaquín Sabina y Joaquín Cortés, el bailarín flamenco. Show gratis, mucha emoción. No debe irse de Lima sin haber pasado por allí.

7. Shopping

Tiendas para no perderse son las que están a unos pasos del malecón de Barranco. Aquí se consiguen objetos súper originales, artesanalmente manufacturados. Vale la pena también entrar al centro comercial construido sobre el acantilado de Miraflores: los locales miran al mar lo que añade hedonismo extra.

Consejo: la cestería, las joyas en plata y los tejidos es la clave del breve shopping.

8. Peñas

Pregunte dónde están las que no son para turistas y vea bailes típicos. Son muchos; pero basta con un huayno -género musical y danza andina, precolombina- o una marinera, baile nacional del Perú. Aquí se aprecia el ritmo del cajón -instrumento afroperuano- y de la zampoña, una especie de flauta con varios tubos de cañas. Agende: todos los martes actúa la agrupación Brisas del Titicaca en el distrito de Breña.

9. Misa en quechua

Hasta hace poco, se daba solamente el segundo domingo de junio. Es una celebración en el idioma de los incas, hecha para las distintas comunidades originarias de las provincias, que llegan a la Catedral de Lima con sus santitos en andas. Se estudia la posibilidad de que haya más misas de este tipo. Pregunte si ya están en marcha. Más allá de lo litúrgico, es una oportunidad para escuchar el idioma.

10. Tesoros limeños

No podía quedar afuera el patrimonio cultural. Es imposible abarcarlo en su totalidad, si el viajero dispone de un día o dos en Lima. Lo más sensato es elegir entre la Catedral, Santo Domingo, San Francisco o La Merced, templos católicos coloniales, sacudidos varias veces por temblores pero aún de pie.

Entre las casas, seleccione entre el Palacio de Osamblea, el Torre Tagle, la Casa Aliaga o la Riva. Y en cuanto a los museos, a menos que tenga mucho tiempo y sobrado interés, visite uno. Por ejemplo, el Museo de Arte de Lima, uno de los principales del país, ubicado en el Paseo Colón en pleno cercado de Lima. Su área de exposición es de 4.500 m2 incluyendo las salas de la colección permanente y de las exposiciones temporales. Este museo permite realizar un fascinante un recorrido por la historia de la cultura peruana, portagonizado por salas dedicadas al arte precolombino, a las expresiones coloniales de las famosas escuelas limeñas y cusqueñas, a los maestros de la platería, a los pintores costumbristas del siglo XIX y XX y a los artistas plásticos contemporáneos.

17 julio 2009

Viajar por el mundo parando en casa de familiares

Si tienes la cara suficiente como para llamar a la puerta y decir: “¡Hola, soy el primo tercero del tío de tu madre!“, ya tienes la herramienta necesaria para empezar a organizar tu ruta para viajar por el mundo parando en casa de familiares.

Public profiler ubica a todos aquellos que tengan tu mismo apellido, en cualquier país del mundo.

Ingresando tu apellido paterno (o materno, de acuerdo a la rama familiar que quieras “visitar”), te dará un mapa mundial con los países donde encontrarás gente que puede llegar a ser de tu familia.

A partir de allí, quedará en ti investigar un poco más y rastrear aquellos familiares que te interese visitar, o a los cuales vayas a pedir alojamiento por un par de días ( hay que tener cara, ¿eh?).

En el ejemplo que ilustra este post, vemos a todos mis “familiares” esparcidos por el mundo. Los colores señalan concentración y vemos que, por lo visto, los Rodríguez somos tan frecuentes en Argentina como en España.

Mira por dónde, tal vez ya pueda organizarme un viajecito con estancia “free“ por la India, Noruega, Australia o Alaska.

¿Cómo se dirá “Hola tía, no sabes cuánto te extrañaba” en noruego ?

Argentina: Acción y placer en La Angostura

Villa La Angostura, en la provincia de Neuquén, es tan famosa por sus inverosímiles paisajes de lagos y montañas como por su excelente propuesta hotelera y gastronómica. Sin perder sus aires de aldea, el lugar atesora ciertos secretos que vale la pena descubrir.

Nada mejor que comenzar una visita a la zona con una excursión. Más exactamente, una salida náutica hacia Población Martínez, mezcla justa de naturaleza e historia. El recorrido comienza en el muelle de Bahía Brava, camino a la isla Menéndez, donde se entra en el estrecho Brazo del Rincón del lago Nahuel Huapi. Aunque sus contornos parezcan propios de una isla, este canal conduce a un territorio que forma parte del continente. Administrado para las visitas por Juan Carlos Martínez, paisano del lugar y nieto de españoles y mapuches que supieron convivir en esos pagos hasta la adjudicación de tierras a Parques Nacionales, el lugar conserva un aspecto de campo y montaña, y se aprecia de inmediato la cercanía con Chile al dirigir la vista hacia el cerro Tres Hermanas. Una vez en tierra comienza una caminata -que puede hacerse en su versión a caballo- que recorre varios km en ascenso y descenso por senderos de cañas compactas e intensas cortinas de coihues. Algunos son tan altos que exigen sentarse para poder ver su copa sin marearse. Una curiosidad del lugar la da el "alfombrado" de sus hojitas marrones, tan pequeñas como una uña, que caen de los coihues y crujen incesantemente bajo los pies.

Luego de subir y bajar por las entrañas de un bosque centenario, llegamos a una laguna que tuvo nombre de mujer: cuenta la historia que fue descubierta por la esposa de Newbery cuando éste frecuentaba las tierras y se la llamó "laguna Sofía", en su honor, pero luego Parques Nacionales cambió el nombre a "laguna Machete". "Aquí hay mucho que remite al origen del lugar. Por eso nos gusta preparar el viaje especialmente para cada cliente, desde el horario hasta la comida casera", explica Nicolás Olivieri Acosta, guía y encargado de varias excursiones de la zona. En el recorrido se visita también puerto Chucau (nombre de un pájaro autóctono), sobre la bahía que da a un antiguo aserradero, desde donde se emprende el camino de regreso.

Spa y sabores gourmet

Como todo verdadero viaje de placer requiere comodidad, atención y buena comida, nada mejor que regresar de un trajín cansador hasta la Bahía Las Balsas, un recodo paradisíaco donde el hotel del mismo nombre es la mejor combinación de rústicos escenarios con confort cinco estrellas. Se confirma de entrada con el spa, algo así como el lugar perfecto para desenchufarse del mundo: sauna, baño escocés, pileta climatizada y masajes relajantes. A la hora de la cena, la carta del chef Pablo Capoy propone un amplio recorrido por aromas frescos y típicos: desde tentempiés y entradas diversas hasta platos de cordero en dos cocciones, entrecote de ciervo con salsa de cassis o trucha patagónica en costra de tomillo. Postres, tragos y una cava construida con piedra y ciprés, con más de 140 etiquetas, enamoran al más escéptico. "Buscamos que los huéspedes estén relajados, como en casa, sin preocuparse por ningún detalle", explica Gabriela Pérez Millón, de prensa y comunicación del lugar.

La propuesta del hotel destaca por su énfasis en el detalle, el diseño de interiores, la atención personalizada y las distintas propuestas para una estadía inolvidable, aprovechando el mágico entorno circundante: las actividades van de pesca con trolling o mosca a cabalgatas por los bosques, paseos en canoa y bicis de agua y excursiones lacustres que unen navegación y aventura.

Verano en el centro de esquí

Luego de tanto relax, el siguiente es otro día intenso: la invitación es a Cerro Bayo, un centro de esquí boutique que propone "sumergirse" en su bosque. Anclado en plena cordillera, el complejo creado en 1978 puso en marcha un Club de Montaña veraniego, con salidas y actividades, desde trekking o rappel hasta caminatas y travesías a caballo entre lengas y coihues. Los circuitos de mountain bike y motocross se suman a su Parque Mágico, con juegos didácticos, estructuras inflables y canchas de fútbol. Porque más allá de ser un centro de esquí, Cerro Bayo brinda todos los servicios también en verano.

El centro afronta un programa de modernización que apunta a construir un estacionamiento y una góndola en la cumbre, y a trabajar en las pistas, mejorando las existentes y abriendo nuevas. En 2008 se anexaron 70 hectáreas al dominio original, y tiene para crecer 100% en la superficie esquiable. Aunque para algunos pueda parecer un detalle, lo cierto es que para las actividades al aire libre es fundamental contar con indumentaria adecuada, que brinde comodidad y sume tecnología de vanguardia. Por eso la cima del Cerro es el escenario perfecto para probar las nuevas prendas de la firma Gore-Tex, que incorporan membrana transpirable y a la vez impermeable, lo que permite permanecer secos y confortables bajo cualquier condición climática.

Para el final queda el paseo fotográfico por la siempre colorida ciudad, donde el aroma a chocolate artesanal y los imperdibles del pueblo, como la feria de artesanos o el bosque de arrayanes, completan un viaje perfecto para relajarse y disfrutar a pleno.

La compañía aérea TAM lanzó pases promocionales para volar por Brasil y América del Sur.

Ideados para aquellos viajeros que planean movilizarse por varios destinos de Brasil y de América del Sur, la línea aérea brasileña TAM ya lanzó el TAM Brazil Airpass y el TAM South America Airpass. Se trata de pases promocionales con tarifas diferenciadas dirigidos a viajeros de todo el mundo que facilitan los traslados entre ciudades e incentivan el recorrido regional.

Quien desea adquirir el TAM Brazil Airpass, debe comprar primero, un billete aéreo internacional para un vuelo que se inicie fuera de Brasil y que tenga como destino una ciudad brasileña. En cuanto al pase, el viajero decide la cantidad de vuelos que necesita según los destinos a conocer y, de acuerdo con ello, adquiere cupones (hasta nueve): cada cupón cubre un tramo doméstico en rutas operadas por TAM y con asiento en clase económica. Para darse una idea de costos, las tarifas de este pase parten desde los 551 dólares (los cuatro cupones).

Por otro lado, el TAM South America Airpass -creado para extranjeros no residentes en América del Sur- le permite al pasajero moverse por países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Como parte del pase, pueden comprarse hasta ocho cupones y recorrer un mínimo de dos países y un máximo de cinco. En este caso, los precios del pase parten desde los 339 dólares.

Los cupones de ambos pases -válidos para ser utilizados hasta junio de 2010- pueden adquirirse directamente en las oficinas de TAM o en agencias de viaje. Para obtener más información: www.tamairlines.com

10 julio 2009

Consejos para sacar buenas fotos en la playa

Traemos hoy algunos consejos para sacar buenas fotos en la playa este verano.
  • Busca un buen encuadre. No es necesario que el objeto de tu foto (tu hija construyendo un castillo de arena, por ejemplo) esté en el centro de la imagen.

Mascotas como equipaje de manos

Si eres de esas personas a las que les es imposible separarse de su perrito o gatito, muchas veces ya te hemos comentado los múltiples servicios para mascotas de vacaciones que hoy se ofrecen en el mercado, desde habitaciones hasta hoteles especiales, pasando por líneas aéreas.

Por si lo que simplemente necesitas es que viaje contigo y no quieres exponerlo a viajar en la bodega, Air Canada te permite que lleves a tu perro o gato como equipaje de mano.

Por 50 dólares en vuelos internos y 100 dólares en internacionales, puedes reservar un espacio bajo tu asiento para volar con tu mascota. Los condicionamientos es que pueden viajar hasta 4 animales por vuelo, en jaulas especiales y con un peso que no supere los 10 kilos. Reino Unido no permite partir o aterrizar con animales en la cabina, por lo tanto es la excepción.

La documentación necesaria implica un certificado firmado por el veterinario que de cuenta de que el animal goza de buena salud, y una suerte de pasaporte. Siempre conviene informarse con al aerolínea que elijamos y con la Embajada del país al que vamos sobre los requerimientos y normativas en este sentido.

Argemtina: Jujuy Historias de la sal

Ubicadas en la frontera misma entre Jujuy y Salta, las Salinas Grandes ocupan algo más de 200 kilómetros cuadrados de la región puneña y son consideradas por su extensión las terceras en todo el mundo, después de los inmensos salares de Uyuni y Arizaro. A casi 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, fueron en su origen una gran laguna cubierta de aguas saturadas de sales provenientes de la actividad volcánica de las cumbres cercanas. Con el paso del tiempo y por efecto de la evaporación, la laguna desapareció, permitiendo en su lugar la formación del actual salar, cuya capa tiene un espesor que en algunas áreas llega a los 50 centímetros.

Por la cuesta de Lipán

Llegar hasta las Salinas Grandes demanda un lento viaje a través de los altos cerros que delimitan la Quebrada de Humahuaca. Serpenteante, la ruta asciende primero desde Purmamarca hasta la cuesta de Lipán, a más de 4.100 metros de altura, pasando por pequeños poblados típicamente puneños como Susques, para descender luego hasta la zona en donde el inmenso salar aparece entre las cumbres de manera casi hipnótica, como un infinito desierto blanco.

En la vasta planicie y al amparo de la sierra del Chañi, que la limita por el este, la imagen de las Salinas asalta los sentidos de cualquier viajero desprevenido. Bajo un intenso y desbordante cielo azul, las Salinas Grandes sorprenden por su vastedad. Aquí y allá, la superficie blanca se quiebra en hexágonos irregulares, que asemejan islotes de bordes tenebrosos bajo un sol que no tiene piedad. Nada nace allí, nada crece allí, sólo el olvido. Sin embargo, en esa desmedida sequedad, parece inevitable sentir la presencia de los dioses, bajando por un instante desde allá arriba como una divina concesión.

La vida en los salares

A poco de ingresar en las Salinas a través del camino que la cruza en forma longitudinal, la postal del desierto blanco, tan pura que parece irreal, da lugar a otra más terrenal, protagonizada por las decenas de trabajadores de las Salinas. Cubiertos con ropas abrigadas para combatir el frío que al atardecer se hace insoportable y protegidos sus ojos con lentes oscuros para evitar el reflejo hiriente del sol, estos obreros extraen ladrillos de sal exponiéndose a condiciones durísimas de trabajo. Llegados la mayoría de ellos de algunos pueblos cercanos, como Tres Pozos, trabajan en el salar desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde, ya que antes y después el frío y las heladas hacen muy difícil la tarea. Es una labor fatigosa, que desarrollan durante casi todo el año, a excepción de los meses de enero y febrero, época de lluvias en las que las Salinas se inundan.

La vastedad de las Salinas invita a ser recorrida en silencio y reflexionar sobre la pequeñez del hombre frente a la naturaleza, al sentir como la brisa salada raspa la piel y la intensidad de la luz provoca una profunda sensación de ensueño.

Está por llegar la noche a la Puna y es necesario buscar refugio, volver a las casas para protegerse de una temperatura que en épocas invernales puede descender aquí hasta los 10 grados bajo cero. Y entonces, prisioneras de la creciente oscuridad, las Salinas Grandes vuelven a quedarse solas. Un viento helado sopla ya sobre ellas.

Durante los meses de enero y febrero, en la época de lluvias, las Salinas se inundan y toman la forma de un espejo descomunal.

08 julio 2009

Consejos para viajar solo

Después de todo el año ahorrando para viajar a ese destino que llevabas años deseando, la persona que pensaba acompañarte se ha rajado a última hora. Pero no deberías alarmarte: no hay problema por viajar solo. De hecho, cuando visitas un lugar, te das cuenta de la gran cantidad de gente que elige esta opción.

No obstante, siempre vienen bien unos consejos que pueden ayudarte a dar el paso. En primer lugar, tienes que tener presente que viajar solo puede ser mejor en varios aspectos: tendrás total libertad para elegir qué quieres hacer y no dependerás de los horarios, gustos o vaivenes de otra persona.

Aún así, hay que paliar el lado negativo de este tipo de turismo: el miedo y el aburrimiento. No hay por qué tener inseguridad a la hora de viajar a cualquier lado: en todos los rincones del mundo la gente vive y hace su vida. Hay que pensar que las malas experiencias son una excepción, en todos los casos.

De todas formas, siempre hay que tener cuidado y prevenir posibles altercados. Recomiendo que antes de viajar, te informes de las zonas peligrosas de la ciudad y las evites. Además, un consejo contra posibles robos es comprarse una faltriquera, donde guardar las cosas de valor escondidas tras la ropa, de modo que pongamos difícil su extracción.

Para luchar contra el aburrimiento, lo mejor será llevar libros, videoconsolas o cualquier cosa que pueda hacer más llevadero nuestro viaje. El inconveniente es que suelen pesar mucho, pero mi consejo es introducirlos en el equipaje en detrimento de ropa u otros enseres prescindibles, pues vienen muy bien.

También es grata y recomendable compañía un cuaderno de viajes, en el que apuntar todo lo que nos pasa y nuestras emociones. Muchas veces es bueno hablar con uno mismo y reparar en las pequeñas cosas. Por último, recomiendo apuntarse a viajes organizados, en los que conocer a gente en las mimas circunstancias. Este tipo de viajes es más que turismo; son toda una experiencia.

Via: viajespasion

La primera librería gay de Latinoamérica está en Buenos Aires

En el mundo proliferan las librerías temáticas, aquellas que venden ejemplares de libros escritos en todo el mundo con relación a un tema: leyes, medicina, turismo, por sólo dar ejemplos.

Pero al interior de un restaurante de Buenos Aires llamado Chueca, abrió un pequeño pero innovador emprendimiento: una librería orientada a la temática LGTB, en una ciudad que ha pulido en los últimos años su calidad de Gay Friendly.

Otras Letras se trata de la primera librería en Latinoamérica en vender estos libros, que al principio sólo se comercializaban en Internet. Entre los ejemplares, con mayoría de autoría latinoamericana o española, encontramos ensayos como La Cuestión Gay, del sociólogo Ernesto Meccia. Entre las novelas de ficción, también hallaremos La Viuda de Rafael, de Luís Daniel Estrada o Asfalto, cuyo autor Renato Pellegrino fue preso por escribirlo durante la última dictadura militar argentina.

En definitiva, es una recopilación de volúmenes diseminados en otros comercios en distintas secciones como Psicología, Antropología, Género o incluso de Autoayuda, y en un espacio donde los lectores pueden a la vez disfrutar de una taza de café y de las recomendaciones de los dueños.

Vía: El mundo

Argentina: San Luis En el gran desierto rojo

Es fácil pasarse y seguir de largo, porque el cartel que indica que llegamos a Hualtarán es casi imperceptible, medio oculto a la vera de una ruta desolada y en medio de un silencio que parece venir del comienzo de los tiempos.

El guía sólo pregunta si llevamos agua y cámara de fotos, y pronto se sabrá por qué. Esta es la puerta de entrada al Parque Nacional Sierra de las Quijadas, en el noroeste de la provincia de San Luis, un gran desierto rojo de 150 mil hectáreas, con formaciones rocosas extraordinarias talladas por la erosión del viento y el agua durante millones de años. Todo es rojo: la tierra, las quebradas y los riscos, el cielo del atardecer. Parece una imagen de Marte y, a la vez, un paisaje que ha quedado intacto desde los confines del pasado más remoto, porque hay allí restos fósiles de animales prehistóricos y numerosas huellas de dinosaurios y raíces petrificadas.

El sol pega fuerte sobre las pieles y la tierra. No hay electricidad, agua corriente ni señal para el teléfono celular, y hay que administrar muy bien el agua porque la caminata es larga y luego aumentará la sed.

Sin embargo, todo esto que puede entenderse como una suma de dificultades desaparece frente a la belleza extraña e inquietante del paisaje, con cornisas y paredes verticales de cientos de metros en ese tinte bermellón, y las rocas de formas sorprendentes, cortadas y talladas a mano por la naturaleza.

Una imagen como nunca se ha visto antes.

Sierra de las Quijadas está ubicada a 120 kilómetros de la ciudad de San Luis. Por la Ruta Nacional 147 se llega al pequeño caserío de Hualtarán, donde se encuentra la oficina de Parques Nacionales, un área de acampe, un par de casas y una escuela rural, lo que constituye la principal infraestructura de la zona. Allí un guardaparque o un guía de turismo pedirán los datos de procedencia y ofrecerán toda la información necesaria para aventurarse en lo que algunos llaman "una hermana del Gran Cañón del Colorado", el gigante de los Estados Unidos.

Desde ese lugar, siguen seis kilómetros de tierra y ripio que se van internando en el Parque. Al costado del camino, y antes de llegar a los riscos, se puede visitar un conjunto de hornillos para la producción de cerámicas que pertenece a la cultura de los indios huarpes, un sitio arqueológico bien interesante como para ir entrando en clima.

Poco más allá arranca el primero de los recorridos posibles, y acaso el más impactante: "Los Miradores", una caminata de entre 45 minutos y una hora que permite apreciar una panorámica de las sierras y que culmina con una vista increíble del Potrero de la Aguada, un gigantesco valle de 4.000 hectáreas rodeado por una muralla de rojos farallones verticales, como un anfiteatro natural tallado durante milenios y con las capas de tierra superpuestas como un pastel de hojaldre.

Para no perderse: la puesta del sol en los miradores, cuando el sol parece desangrarse en un fuego que cubre el cielo, la tierra y las rocas. La sensación es de completa soledad y, sin embargo, cada tanto se puede vislumbrar una pareja de halcones volando en círculos o el paso a lo lejos de algún zorrito que se les anima un poco a los turistas.

Dinosaurios y rocas milenarias

En las Quijadas viven varias especies en peligro de extinción, como el gato moro y la vizcacha colorada, además de una riquísima fauna que incluye pumas, guanacos, burros salvajes, ñandúes, cisnes de cuello negro, águilas coloradas, cardenales amarillos y tortugas terrestres.

El de "Los Miradores" es el único circuito que se puede hacer sin guía; el resto se realiza en grupos organizados. En general se pueden contratar en el momento, aunque conviene averiguar con anticipación, sobre todo en verano, cuando hay varias franjas horarias en las que no se permite la salida de excursiones ya que la temperatura puede llegar a los 45 grados.

"La Huella" es una travesía de alrededor de unas tres horas que lleva hasta donde quedó grabada una huella casi intacta de un saurópodo de cola larga, el dinosaurio de mayor tamaño que vivió en la zona. Es muy impactante: las tres pezuñas perfectas, a pesar de que fueron impresas hace millones de años. Igual de impactante es el camino para llegar a ellas, un descenso por el acantilado, tomándose de rocas, plantas y raíces, y tratando de controlar el vértigo frente a tanta inmensidad.

El "Sendero de los guanacos" es otra excursión de tres horas que recorre la senda que utilizan actualmente los guanacos y permite conocer la geografía, fauna y flora de la región. Finalmente, el circuito "Los Farallones" demanda aproximadamente cuatro horas. En la mitad del sendero de "La Huella" hay que desviarse para seguir descendiendo hasta el fondo

del Potrero de la Aguada. Sólo apta para los que tienen buen estado físico, es una travesía espectacular, bajando por una quebrada con paredones verticales de más de 200 metros de altura. A cada paso aparecen cuevas y rincones extraños, además de unas rocas increíbles, que por la erosión han adquirido formas reconocibles y que así se ganaron sus nombres: "la cabeza del toro", "el puma", "el botellón".

Otras historias

En algún rincón de la sierra, el viajero también puede tener la suerte de encontrarse con don Pilar, uno de los baqueanos de la zona, que viste de gaucho y sostiene la conversación sin desmontar de su caballo. Esa cara curtida por el sol y los años contará, entre otras historias, que en el siglo XIX y principios del XX, esta zona era refugio de algunos grupos de bandidos que asaltaban las carretas que cubrían el tramo Buenos Aires-San Juan. Luego de los atracos, se ocultaban en el Potrero de la Aguada.

Se dice que festejaban sus andanzas faenando vacunos para sus asados y, por alguna razón, comían primero las quijadas y dejaban los esqueletos tirados en el valle. Las autoridades ofrecieron entonces importantes recompensas por la captura de los "gauchos de las quijadas". Nunca imaginaron que de esa manera estaban bautizando uno de los lugares más maravillosos del planeta.

03 julio 2009

El curioso mundo de los visados

¿Cómo he llegado a esta conclusión? Preparando mi viaje, en el que pasaré por varios países, me he encontrado con que no existe un sólo tipo de visado, sino que dependiendo del gobierno, los acuerdos que tenga con el país de origen y básicamente su política con el turismo, tendremos que seguir procedimientos diferentes para cruzar la frontera.

Tipos de visado o no-visado

(Siempre teniendo como origen España, ya que las condiciones dependen de la nacionalidad del viajero)

Caso 1 ¡Tienes suerte! No necesitas visado, basta con un pasaporte que por regla general debe tener una validez de al menos seis meses tras la fecha en la que tienes previsto abandonar el país. (Ej.Chile oArgentina)

Caso 2 ¡Estás de racha! Necesitas un pasaporte con una validez de 6 meses y a la entrada al país te adjuntarán un visado gratuito si el motivo de tu viaje es turístico por un periodo determinado de tiempo que por lo general es de 90 días. (Ej. Sudáfrica oNamibia)

Caso 3 ¡Sólo tendrás que pagar! Necesitas un pasaporte con una validez de 6 meses y cuando llegues al control de entradas de la frontera del país tendrás que pagar una cantidad determinada con la que obtendrás un visado con fines turísticos (Ej. Camboya, Nepal) La cantidad a pagar suele oscilar entre los 25-60 €.

Caso 4 ¡Se empieza a complicar! Además de aportar un pasaporte con una validez de 6 meses, tendrás que tramitar tu visado antes de llegar al país, ya sea antes de salir de viaje en la embajada del país de destino o en un punto intermedio del viaje, acudiendo a la embajada del país que quieres visitar (siempre suelen estar en las capitales). En este caso, los trámites se caracterizan por su lentitud. Pongamos por ejemplo India. El visado hay que gestionarlo antes de llegar. Será necesario tener nuestro pasaporte con validez de 6 meses, rellenar un formulario, también es conveniente adjuntar una fotocopia de la confirmación de nuestro vuelo, este último detalle se complica si tenemos previsto llegar por tierra desde un país vecino. Para la tramitación, en el caso de que lo solicitemos desde España y no residamos en Madrid, donde se encuentra la embajada, y si lo tramitamos de manera individual, hay que contar con un gasto medio de: 50€ por el visado, unos 2-3€ por el coste del giro postal y alrededor de 17€ de gastos de envío certificado (teniendo en cuenta que también hay que adjuntar el envío de vuelta). En total, unos 70€ para obtener el visado, más un tiempo medio de espera de unas dos semanas, que fácilmente pueden convertirse en tres y media. (Ej. India o Vietnam)

Caso 5 ¡Te planteas cambiar de destino! Pero el caso anterior no es el más complicado, si queremos viajar a países como Rusia, el trámite da otro salto mortal para comprobar que realmente tenemos muchas ganas de conocer el país. En este caso, las autoridades aduaneras no se conforman con el pasaporte, el formulario, comprobante de seguro médico que cubra la estancia, fotocopias de la confirmación del vuelo y el pago de la tarifa del visado, sino que si quieres obtener el visado, también necesitarás una carta de invitación escrita en ruso de un conocido, amigo o familiar, y en su defecto una del hotel donde te alojarás. Por lo general, la segunda opción es la más habitual si no tienes la suerte de tener amigos en Rusia, así que empieza la aventura. No servirá la confirmación de tu reserva de hotel, sino que tiene que ser una especie de ‘voucher’ especial, resultado, muchos hoteles aunque tengas una reserva con ellos, te cobrarán por facilitarte estos documentos. Estafas a parte, que también las hay, porque no entenderás una palabra de la carta a no ser que tengas un nivel avanzado en cirílico, la tramitación será muy larga, y si tienes pensado viajar en coche y recorrer una distancia larga, además, necesitarás permisos especiales.

En definitiva, obtener visados es toda una prueba de buena organización, paciencia y por supuesto, no se nos puede olvidar reservar una parte de nuestro presupuesto para los visados, porque nos hará falta. Una web que os puede ayudar es visados.org, se dedican a la tramitación de visados y podéis consultarla bien para delegar el papeleo o simplemente para informaros, ya que a veces su web tiene los datos más actualizados que las propias páginas de las embajadas.

¡Ah! La foto la he tenido que coger de flickr (Gracias Elbier Minks), porque mi pasaporte lleva un mes viajando de la oficina de correos más próxima a las distintas embajadas.

¡Cruzo los dedos para recuperarlo a tiempo!

Via: 3viajesaldia

Perú también incorporó un sitio a la Lista de Patrimonio Mundial

Tras la reunión de Sevilla el Comité de Patrimonio Mundial declaró a la ciudad sagrada de Caral, en Perú, al listado.

A partir de un informe técnico del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) y en vistas a que este sitio arqueológico cumple los principios de integridad y autenticidad en la conservación de monumentos y que el sistema de gestión implementado es adecuado, se ha otorgado este honor.

Con la Ciudad Sagrada de Caral ya son 11 los sitios peruanos que figuran en el grupo de la UNESCO. En este sentido, hay una fuerte recomendación al Estado de continuar o incrementar las medidas de conservación implementadas hasta la fecha y preservar del turismo masivo estos espacios, ya que hay que evitar que haya otro caso como el de Machu Picchu que podría perder su categoría como Patrimonio Mundial.

Por ello se promoverá la capacitación de los hoteleros, gastronómicos, la policía y todos aquellos que de una forma u otra se vinculan al turismo para que sepan cuidar este tesoro arqueológico.

Vía: Mensajero Web

El Museo del Che Guevara en Neuquen Argentina

A principios de 1952, el joven Ernesto Guevara y su fiel amigo Alberto Granado llegaban en moto, hambrientos y cansados, a San Martin de los Andes, la escala neuquina en su gira lationoamericana. Por entonces, el intendente del Parque Nacional Lanín les brindó alojamiento en un galpón donde se guardaba el forraje para los animales, conocido como La Pastera, ubicado sobre la esquina de Roca y Sarmiento.

Este recinto, construido en piedra y madera, es hoy un pequeño museo dedicado al Che Guevara, que inauguró a mediados del 2008. Su apertura fue un gran acontecimeinto en el que participó hasta la mismísima Aleida Guevara March, hija del Comandante. A la entrada se ubica la librería y en la sala principal se distribuyen los paneles dinámicos e informativos que recrean la vida del líder revolucionario, acompañado de fotos inéditas. La Pasterd Museo del Che. Rudensio Roca y Sarmiento. Entrada $5 (argentinos) de miércoles a lunes de 12 a 18hs.

Via: viajesdestinos

30 junio 2009

Mapa interactivo de las enfermedades del viajero

El diario español El Mundo publicó en su sitio web un interesante mapa interactivo para que las personas que estén por viajar a cualquier latitud del globo, puedan hacerlo informadas de los riesgos sanitarios a los que se expone.

Claro que la idea no es generar temores infundados o ansiedades innecesarias en aquellos que estén por emprender un viaje a zonas remotas, sino todo lo contrario.

Con este mapa, sólo debemos clickear en el país de nuestra elección en el mapamundi, para que entonces se despliegue un menú con las enfermedades correspondientes a ese país.

Una forma divertida de informarnos es la ruleta de las vacunas, que nos dice cuáles son las recomendables de aplicar cuando vamos a cada país.

De esta forma, estaremos perfectamente informados sobre las medidas de prevención, que suelen ser la herramienta más eficaz a la hora de combatir cualquier enfermedad.

Vía: El mundo

Pueblos de adobe al pie de las sierras

Existen sitios en los que todo sonido está de más. La zona conocida como "La Costa", 150 km al norte de la capital de La Rioja, es uno de ellos. Es una sucesión de pueblos al pie de las imponentes Sierras de Velasco, un cordón de 200 km de largo que atraviesa el centro de la provincia, y supera los 4.000 metros de altura. Son 13 caseríos conformados por muchas viviendas de adobe, entre criaderos de cabras, fincas de frutales y, en algunos casos, olivos. Calidez de arquitectura pueblerina casi detenida en el tiempo, con la eterna presencia de capillas. Como en los otros pueblos: Las Peñas, Pinchas, Agua Blanca, Chuquis, Anillaco, Los Molinos, San Pedro y Santa Cruz.

La zona ofrece actividades en la naturaleza, desde cabalgatas hasta pesca de truchas y excursiones entre las quebradas. La visita se enriquece con antiguas capillas, artesanías, dulces, quesillos, nueces y vino casero. Ocho pequeñas bodegas conforman un circuito turístico de vinos artesanales, que se producen con un sistema rudimentario. Algunas incluso ofrecen degustaciones, como Casa India, en Agua Blanca.

El viaje comienza por la sinuosa ruta provincial 75, desde La Rioja capital hacia el departamento Castro Barros. El recorrido puede hacerse en un día, saliendo muy temprano. A 30 km está Sanagasta, famoso por la iglesia de la Virgen de la Morenita, nombrada en una canción de Jorge Cafrune. A 1.015 msnm, sobre la calle principal está el mercado artesanal, en una antigua casona colonial, hoy Casa de Cultura. Se exponen obras de artesanos locales, y muchas veces se los puede encontrar durante las visitas. En el patio se exponen elementos de campo, sulkys y trapiches.

Pasando Sanagasta, el camino de asfalto recorre la orilla de la montaña, por donde se escurren las aguas cristalinas del río Huaco. Al subir sobre los faldeos, siguen cornisas con centenares de cardones. Aquí hay un parque geológico en estudio, único en su tipo por sus singulares hallazgos: huevos de dinosaurios.

En Pinchas, Doña Frescura, tejedora de tapices criollos, teje a la sombra de los parrales con un bastidor de madera, sistema milenario. Se especializa en paisajes norteños y motivos indígenas. Las montañas, siempre verdes, en invierno se ven casi azules. El trayecto continúa hasta Chuquis, para sumergirse en la historia provincial del museo Castro Barros. En Chuquis también atraen la capilla y La Yacurmana, una cascada que baja desde lo alto del cerro y se ve desde el pueblo.

Anillaco es el lugar ideal para comprar artesanías, aceitunas, vinos y dulces caseros. Sobre su calle principal hay varios negocios con delicias riojanas. Un camino de subidas y bajadas que se acerca cada vez más a la montaña llega a San Pedro y Santa Vera Cruz. A esa altura, los cactos ya conforman una multitud que parece bajar del cerro en procesión.

Santa Vera Cruz, en la entraña de la montaña, está rodeado de nogales, álamos y arroyos que emanan los perfumes de la naturaleza. Seguramente eso motivó al ermitaño santafesino Dionisio Aizcorbe a instalarse allí hace más de 20 años. Para residir al pie de los cerros construyó un castillo, hoy atracción turística. El Barreal es el escenario del ritual religioso de El Señor de la Peña, cuyos orígenes se remontan a dos siglos. En el paisaje desértico hay una roca con un perfil parecido a un rostro humano, que fue identificado con Jesucristo y se convirtió en centro de peregrinación. Se cree que los aborígenes ya adoraban a esta formación ubicada en el departamento Arauco, reconocido por la variedad de aceitunas que produce. Si se desea extender el recorrido por más de un día, se puede ir hasta Aimogasta y conocer la Ruta del Olivo.

Cuba: Por los otros caminos de la isla

Cuba es ron, tabaco del bueno, del mejor. Che Guevara. Silvio Rodríguez y Pablito Milanés. Cuba es mar y sol. Varadero. También revolución, Fidel, salsa y el famoso malecón. Arroz con porotos negros, hoteles all inclusive y no al capitalismo como una autóctona elección. Cuba es paraíso en las guías turísticas, comunismo en los manuales de historia y emoción en las anécdotas del viajero. Nostalgia, melancolía y esperanza en las letras del trovador. Además, es medicina y educación. La isla de la fantasía para los poetas y la luna de miel que sueña el corazón.

Pero todavía hay más Cuba, bastante virgen del turismo masivo. Un interior profundo, místico, culto, que promete conmover tanto como todo lo clásico de Cuba. Lugares en donde empezó América, obsesiones de piratas y escenarios de leyendas. Mil y una festividades, la cuna del son, construcciones que valen todas las fotos, conversación garantizada, mucha seguridad, baile a toda hora, gastronomía fresca, un oriente, un occidente y, ante todo, gran hospitalidad a prueba de bolsillos austeros. El interior de Cuba está hecho para turistas con ansias de residentes.

Este viaje por el interior de la isla, partiendo de La Habana para unir Santa Clara y Santiago, recorriendo ciudades que son patrimonio de la humanidad, insume unos mil kilómetros de maravillas.

La entrañable transparencia

Las paredes y el techo están cubiertos con maderitas que le dan aspecto de caverna. Hay una llama eterna, pero está casi oscuro y reina el silencio frente al mausoleo del Che. Finalmente, sus restos están ahí. Lo lloran extranjeros, muchos que no son argentinos, y me pregunto por primera vez por qué la emoción se materializa involuntariamente en la piel.

Afuera pega fuerte el calor y en la gigantesca plaza de Santa Clara que se construyó sólo en su honor no circula nadie. ¿O sí? Es que es tan grande. Y un buen ejemplo de una de las manías de Fidel Castro: hacer plazas enormes y peladas para que nadie quede afuera.

Dejamos Santa Clara para llegar a Remedios, la cuna de la parranda, con más fiestas que el diablo. En la Plaza Martí, pese a ser mediodía de un jueves, hay jolgorio. Bailes, artesanías, carrozas y estandartes. Tres hombres se envalentonan con los fuegos artificiales aunque es de día. La gente se amontona lejos, en las veredas, y se estira con cautela para ver la explosión: "Cuidado, chica, que no son muy sofisticados los cohetes, nunca sabemos para dónde saldrán disparando".

Al caer la tarde, un mojito siempre espera en la confitería El Louvre o un cafecito en La Fe, ambas frente a la plaza principal. Al lado hay dos hoteles tradicionales, Mascotte y Barcelona, pero también es recomendable alojarse en casas de familia (entre 15 y 25 pesos convertibles cubanos o CUC, la moneda para extranjeros que tiene una paridad con el dólar).

"El precio depende también de lo que pueda el cliente", me recuerda el dueño del hostal China y Richard. Su servicio incluye desayuno casero y la búsqueda de la moto más económica para recorrer la zona. En Remedios casi no hay autos, pero hasta el mar queda cerquita de todo. Si se espía bien entre las calles, verá las playas desde el centro.

Riachuelos y tupida vegetación

Para llegar a Cienfuegos, la única ciudad fundada por franceses, toca una ruta sinuosa, de mayor altura, con vegetación tupida y riachuelos: vamos hacia el sur de la isla. Es divertido el detalle de la plaza principal: 144 sillas de hierro en hilera para quien quiera descansar. Alrededor, resaltan por su impecable conservación la Casa del Fundador, la Catedral Nuestra Señora de la Purísima Concepción, el Palacio Ferrer, el teatro Tomás Terry y el bar Palatino, donde, por dos CUC, se puede degustar el delicioso trago de la casa: licor de menta, jugo de ananá y ron. Y el resto de los cócteles, desde una limonada hasta un cubata, cuestan sólo un peso cubano. Hay que aprovechar la terraza, siempre hay buenos músicos y poetas dando vueltas por ahí.

Una marcada arquitectura ecléctica, de colores pasteles y que conjuga estilos como el neoclásico, el art nouveau, el arte decó y el imperial se extiende más allá de la plaza. El mejor ejemplo está dado por el Palacio de Valle, donde funciona un distinguido restaurante y cada tarde se presenta una pianista con el don de animar. Como en La Habana, también hay un Paseo del Prado y un malecón que enmarca a la Bahía de Jagua, "adornado con cocoteros y mulatas", dice un guía al pasar.

Un atardecer allí ya es programa, al igual que una caminata por el Parque Martí, donde en 1916 un grupo de obreros construyó el Arco del Triunfo, el único que tiene el país.

De día, Cienfuegos es tranquilo, no suele haber demasiada gente en las calles, pero de noche es difícil resistirse al baile. La disco Costa Sur, al aire libre, entretiene con un espectáculo de bailarinas y karaoke, mientras que en Venni Moore vive la salsa, y van más lugareños. Hay que apurarse: todo cierra a las tres.

La ciudad museo

Romántica y colonial, Trinidad es la ciudad clave de Sancti Spiritus, una de las primeras localidades fundadas por españoles. Las calles de la antigua villa son como niñas bonitas y antiguas: impecables, distinguidas y hasta simpáticas. Los suelos son de lajas originales y brillantes, las casas muy altas, de colores vivos, con puertas enormes de madera y rejas de punta a punta. La gente se cuelga de ellas o pone hamacas cerca de la calle: en Cuba todo pasa afuera, en público. Si bien es una ciudad que sube y baja, Trinidad es para caminar y perderse, emborrachar la vista con estas construcciones que también evocan las barracas de esclavos, pero que hoy no dan sensación de encierro, si no más bien de un verano fresco, frutal.

Si uno no estuviese en esta isla ni conociera las reglas, pensaría que allí viven magnates o celebridades, pero no, sólo habita gente sencilla, la del pueblo.

La cálida playa Ancón, a 12 kilómetros del centro, sobre el Mar Caribe, es un placer por la mañana. Después, hay que ir a la Plaza Mayor. Si quiere historia vaya al Museo Municipal y, por arte decorativo, al Museo Romántico, uno de los más visitados e interesantes del país. Al atardecer, encuentre las escalinatas de la iglesia de la Santísima Trinidad y note qué caprichosas son: quieren ir para todas partes. Pero siga a la orquesta, directo hacia La Casa de Música, donde nadie paga por bailar ante artistas de calidad.

En Trinidad me invade una sensación extraña: olvidarme de que esto también es Cuba. Tal vez por la incongruencia entre una Habana de muros igualmente admirables, aunque tan castigados, y este rincón que parece de cuento, que hasta hace creer en el amor para toda la vida.

El plato roto

Camagüey es la provincia obligada para pasar al oriente de la isla. Por su irregular trazado urbanístico –cuentan que fue adrede, para que los piratas se extraviaran al atacar–, Camagüey también se llama la "Ciudad laberíntica", "Plato roto" y "Calle sorpresa". No es chiste, es muy fácil perderse. ¡A los lugareños también les pasa! Las calles forman triángulos y rectángulos deformes, grandes y pequeñitos, con y sin veredas, mientras que otros bloques son extensos y ondulados o medios círculos. Seguir con la vista a alguien, aunque vaya lento, puede durar segundos.

A Camagüey también le dicen "Ciudad de los tinajones", porque durante siglos la gente conservaba el agua de lluvia en enormes tinajas de barro. Cuenta la leyenda que si tomás agua de tinajón, te quedás a vivir para siempre ahí. Quise beber y beber.

Pese al devastador paso de dos ciclones el año pasado, esta ciudad también logró el reconocimiento de la UNESCO. Aseguran que el mérito es de los vecinos: con la ayuda material del gobierno, claro, en tres meses levantaron sus casas, si bien es cierto que varias son más una fachada que un hogar.

La mayoría de las calles son tan estrechas que los autos casi no pueden circular. El "Callejón de la miseria" es la calle más corta de Cuba (sólo ocho metros), mientras que el "Callejón funda del catre", la más angosta (no pasan dos caballos a la vez).

Llegué a Camagüey en plena celebración de la fiesta del barro y del fuego, que dura una semana. En el centro urbano, más de ochenta artesanos sacan sus mesas a la calle y trabajan para después concursar entre sí. La antigua Plaza del Carmen también rinde honor al barro con estatuas en tamaño natural de los diversos personajes del pueblo, obra de la artista Martha Jiménez Pérez. Allí funciona su atelier y ella convida una charla animada sobre los secretos del lugar.

Por menos de cinco CUC se puede tomar desde ahí una bicitaxi, y llegar, entre otros sitios, hasta el Parque Ignacio Agramonte, rodeado por museos y confiterías. Los taxistas son buenos guías, pero recuerde arreglar el precio antes.

Ciudad heroica

La Sierra Maestra es imponente. No deja indiferente al visitante, lo mete de lleno en la historia: Cuba nació en Santiago de Cuba.

En el Parque Céspedes, centro del casco histórico y político, se vivieron hechos de interés universal, como la primera venta de esclavos de América, la declaración de la independencia y el anuncio de Fidel al mundo de que había triunfado su revolución. Allí también se encuentra la casa más antigua del continente, donde residió el conquistador español Diego Velásquez, y el monumento con los restos del líder nacional José Martí.

Para seguir repasando hitos, está muy bien visitar el museo del Cuartel Moncada: impresionan los elementos de tortura para los revolucionarios al gobierno de Batista. Creyentes –y no creyentes– pueden peregrinar hasta la iglesia de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona nacional.

"Los cubanos somos fanáticos religiosos, pero no practicantes devotos", me aclara un nuevo amigo. Así, cual Luján, hacen colas para dejar objetos en comodato y a cambio de milagros.
No obstante, se celebran pocas misas y la venta de recuerdos es infinita. En lugar de panchos, bocados de cerdo al horno por dos pesos. Desde el santuario se ven las minas de cobre. Son un ícono del lugar.

Con ganas de un paseo más rápido y urbano, me trepé a una de las 13.000 motos que circulan por la ciudad. Son más baratas y efectivas que los taxis; en Santiago hay bastante tráfico. Fijamos con el conductor en seis CUC todo el viaje, que respondía además a un itinerario. Me puse el casquito –como los antiguos cascos de guerra– y partimos.

Pasamos por el Balcón de Velásquez –tiene una serena vista de la ciudad–, el Museo del Ron –dicen que el de Santiago es el mejor– y terminamos en la Casa de la Trova: desde el mediodía se estaban presentando artistas y la gente sigue entrando o mira desde la puerta.

El ambiente es familiar, nadie paga ni un peso, la música no pide permiso al cuerpo. Pienso que en Cuba el que quiere aprende a bailar, aprende. Y me acuerdo de Ricardo, que hacía unos días me había convencido: "Tu cierra los ojos y no pierdas el ritmo, recuerda nunca perder el ritmo. Lo demás, déjamelo a mí".

24 junio 2009

Brasil: Un tour por las favelas cariocas

Río de Janeiro es uno de los destinos turísticos más apreciados del mundo, ello no es ninguna novedad. Pero como en la mayoría de las grandes ciudades de Latinoamérica, en esta ciudad conviven la pujanza y el desarrollo con la abrumadora realidad de la pobreza, que afecta a 2 millones y medio de habitantes de las urbes latinas más pobladas: el 29% de su población.

Lo que es un fenómeno verdaderamente curioso que se da en Río y en otras ciudades también, es que las favelas – como llaman los cariocas a los barrios pobres – se han convertido en punto turísticos, y hay itinerarios que ofrecen a los extranjeros recorrer las calles de los barrios marginados para saber cómo viven sus residentes.

Los contrastes lo chocan a uno: sobre la línea del mar, los barrios acomodados y las suntuosas casas de playa. Hacia la cima del morro – suerte de cerros que desembocan al mar – se amontonan las precarias viviendas de miles y miles de caricoas menos favorecidos. La Rocinha es la favela más grande de Latinoamérica, donde viven nada menso que 200.000 brasileños.

Se dice que en las favelas se esconde un número indeterminado de terroristas islámicos, de narcotraficantes y de maleantes de toda índole. Grupos comando antagónicos conviven en esta zona y a veces desatan verdaderas guerras.

Sin embargo, estos barrios tienen una vida propia y una cultura muy rica. La mayoría de los habitantes son trabajadores pobres que no pueden pagar los departamentos de otros barrios. Es bastante segura la visita, ya que como se quiere evitar que aparezca la policía, no roban.

Por más contradictorio y controversial que pueda ser, este tipo de visitas hace que uno conozca la realidad más profunda de un país, aquella cara que se quiere ocultar al turismo convencional.

Vïa: Ocho leguas

Destino; Venezuela

Una tierra de contrastes, Venezuela ofrece al viajero la belleza y variedad de actividades, con un espesor deliciosos de selvas que invitan a la aventura, playas de arena blanca, montañas cubiertas de nieve en los Andes y de la cascada más alta del mundo, son todos los aspectos que Venezuela combina como un destino inolvidable.

La República Bolivariana de Venezuela tiene una población: 24.011.000, con una Superficie de 882.050 kilómetros cuadrados entre sus más grandes ciudades podemos destacar Caracas, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Ciudad Guayana.

Su idioma es el español y su moneda oficial el Bolívar, la religión Católica es la predominante en todo el país con un 96% de adeptos.

El majestuoso río Orinoco se extiende por 2.150 kilómetros de largo originándose cerca de la frontera de Brasil, en el sur de Venezuela, posee muchas islas con densa vegetación que salpican el delta y el hogar de los Warao una tribu indígena.

Sus casas están sobre pilotes para evitar la inundación y la vida gira en torno a los cursos de agua circundantes, muy cerca está la ciudad de Bolívar, una bulliciosa ciudad tropical con una fuerte influencia en la arquitectura colonial de su pasado.

Desde allí se puede acceder a visitar el Salto Ángel, la cascada más alta del mundo, este increíble producto de la naturaleza tiene una caída ininterrumpida de agua a más de 800 metros (16 veces la altura de las Cataratas del Niágara).

La mejor manera de ver la inmensidad de estas caídas es tomar un vuelo que le dejará sin palabras al ver la enorme estructura que la naturaleza ha construido.

Via: viajesudamerica

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