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17 abril 2013

Visita la estatua de la mujer que se negó a ceder su asiento a un blanco… y cambió el mundo

A veces, los pequeños actos, los más cotidianos en apariencia, por su efecto acumulativo con otros pequeños actos, al igual que las bolas de nieve que crecen y crecen cuando caen por una pendiente, son capaces de arrasar con lo establecido.

Eso fue lo que ocurrió con aquel mínimo acto de desobediencia que llevó a cabo Rosa Parks el 1 de diciembre de 1955, cuando se negó a ceder su asiento del autobús a una persona de raza blanca (en aquella época tan terriblemente cercana, los afroamericanos, y Rosa Parks era negra como el azabache, debían moverse a la parte de atrás de los autobuses públicos del sur de Estados Unidos, como en Montgomery, Alabama.)

Por este acto de rebeldía frente a la segregación racial en los autobuses, Rosa Parks fue encarcelada y multada con 14 dólares, lo que motivó que Martin Luther King, un pastor bautista que aún era un gran desconocido, celebrara una protesta pública, desencadenando a su vez más protestas contra otras prácticas de segregación. Y los afroamericanos conquistaron, poco a poco, más derechos civiles, gracias en parte a esta costurera de 45 años.

En 1956, la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que la segregación en el transporte iba en contra de la constitución estadounidense.

Visita el Capitolio

Esta pequeña pero inspiradora historia también puede servir como aliciente para hacer una visita al Capitolio, en la ciudad de Washington DC. Y es que este edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos, localizado en el barrio Capitol Hill, una de las principales atracciones turísticas del país, ahora alberga, también, una estatua de la activista afroamericana Rosa Parks.

El presidente de Estados Unidos (el primero afroamericano) Barack Obama inauguró esta estatua en febrero de 2013 con estas palabras: “En un solo instante, con el más simple de los gestos, ella ayudó a cambiar Estados Unidos y el mundo.”

La estatua está en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio, junto a otras personas que han permitido configurar la trayectoria de Estados Unidos. Parks, también, se ha convertido en la primera estatua afroamericana a tamaño natural de este salón (Sojourner Truth, una de las primeras mujeres negras que combatieron la esclavitud en el país, tiene un busto en el centro de visitantes del Capitolio).

Parks falleció en 2005 por causas naturales. Si ahora estuviera viva, tendría 100 años de edad. Pero si visitáis el Capitolio, descubriréis que sigue viva, allí sentada, renuente a ceder el sitio a otra persona que creía que no todos éramos iguales ante la ley.

Por cierto, el edificio del Capitolio, con su gran cúpula y otros dos edificios anexos a cada lado, todo un ejemplo del neoclasicismo arquitectónico estadounidense, merece también la visita si estáis por Washington por otro motivo importante: todavía existe por simple casualidad, o porque otro grupo de ciudadanos luchó por evitarlo con la misma valentía y arrojo que Parks.

Y es que el 11 de septiembre de 2001, cuando sendos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, otro avión de pasajeros se dirigía a este lugar para estrellarse contra el Capitolio. Era el vuelo 93, que finalmente no alcanzó su objetivo debido a la lucha entre los pasajeros y los terroristas, que provocó que el aparato se estrellara en un área despoblada. Podéis asisitr a toda su odisea en la hiperrealista película United 93.

Finalmente, si algún día pasáis por Montgomery, Alabama, descubriréis una placa titulada “Bus Stop” en Dexter Avenue. El lugar donde Rosa Parks subió al autobús.

 
 

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