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27 julio 2009

Argentina: Un recorrido por los alrededores de Mina Clavero. Pueblos tranquilos, arroyos cantarines

Si no fuera uno de los conservacionistas más famosos del país, uno podría decir que Fabián Ramallo nació para contar historias. En el restaurante de la Fundación Cóndor, una solitaria construcción que balconea sobre las sierras del camino de las Altas Cumbres, en la provincia de Córdoba, Ramallo contagia su pasión por las aves y por el paisaje que lo rodea. Estamos a más de mil quinientos metros de altura, cerca de un cielo que parece pintado, rumbo al Valle de Traslasierra. El locro, la charla a la que van sumándose varios parroquianos, el vino y el sol, son buenos presagios de lo que seguirá.

Ramallo no es el único que encontró su lugar en este valle ubicado al oeste cordobés. Desde que José Gabriel Brochero, conocido como el Cura Gaucho, abrió a fines del siglo XIX la "Casa de Ejercicios Espirituales" en el pueblo que hoy lleva su nombre, cientos de peregrinos llegaron en busca de paz espiritual, de las milagrosas aguas de sus ríos y de su clima benévolo. Pasaron más de cien años desde entonces, y Traslasierra mantiene su mística.

Pero aún estamos en el kilómetro 69 del camino de las Altas Cumbres, escuchando historias de cóndores y pumas. "El cóndor tiene un destino de grandeza: nació para andar por el cielo", dice Ramallo con tono épico, mientras muestra la foto de Tupac, un cóndor de alas entumecidas que luego de 27 años de cautiverio fue rescatado y pudo volver a volar, a fuerza de cuidados y entrenamiento. Hace catorce años que la Fundación se dedica a la protección de estas aves. Y aunque hoy no tenemos la suerte de verlas planear entre las sierras, sí podemos imaginarlas a partir de los entusiastas relatos que acompañan el almuerzo.
El camino desciende en curvas y se ven los pueblos que brillan con sus techos plateados. Mina Clavero, Nono, los ríos, forman parte del mismo cuadro brilloso de tonos musgo y grisáceos.

De cerámica negra y té inglés

Dora nació en Liverpool -la ciudad de los Beatles-, y hace más de treinta años que decidió instalarse en Loma Bola, donde "por milagro" logró comprar la casona donde ahora sirve el té. Dora y su marido tienen ojos muy claros y hablan entre ellos un inglés de libro. En algún momento instalaron en esta casa un exclusivo internado bilingüe para hijos de embajadores y empresarios. Lejos de los años de docencia, hoy sirven el té en tazas verdes de cerámica con budín de banana, escones y otras delicias. "Las mismas que usó la princesa Diana", ironiza su marido, pero enseguida aclara que es una broma.

Loma Bola es un pequeño poblado a los pies de un Vía Crucis de catorce estaciones que subimos trabajosamente para obtener una panorámica del valle. El esfuerzo bien vale la pena, sobre todo si al descender uno se encuentra con la casa de té Villa Dora, o con un paseo por los jardines del antiguo y bellísimo hotel Loma Bola.Pero para llegar hasta aquí desde las Altas Cumbres hemos atravesado gran parte del Valle de Traslasierra, a través de la serpenteante Ruta Provincial 14.

El recorrido comenzó en Mina Clavero, ciudad famosa por su casino, por su buena infraestructura y por la figura de Héctor Recalde, el campeón de rally que puso esta región en los mapas del mundo. Precisamente por la Avenida Héctor Recalde se llega al Camino de los Artesanos, un recorrido entre las sierras de 18 kilómetros en el que varias familias muestran su producción de cerámica y tejidos con secretos guardados durante generaciones.

Una cruz marca la entrada del taller de Atilio López, donde uno puede ver cómo se fabrican perfectas piezas de cerámica negra. Pero aunque todo el proceso esté a la vista, el secreto está en la arcilla, y López explica que él sabe exactamente dónde encontrarla en uno de los ríos de la zona.

De locros, gatos y chacareras

En el pueblo de Nono damos una vuelta a la plaza para ver las antiguas construcciones de ladrillo a la vista, la iglesia y una auténtica pulpería. Allí tomamos un desvío que nos lleva a uno de los imperdibles de esta zona: el Museo Polifacético Rocsen. El Dique La Viña es otra de las paradas que impone la ruta hacia el Sur. Se trata de un paredón de más de cien metros que contiene las aguas del Río Los Sauces y forma un embalse. No muy lejos de allí, en el Club de Pescadores las Rabonas, damos un paseo en botes de alquiler.

Seguimos hacia Los Hornillos, Villa Las Rosas y Las Tapias, algunos de los pueblitos que se suceden con sus producciones de aceite de oliva, hierbas medicinales y artesanías. En invierno el paisaje es grisáceo: piedras y arbustos resecos brillan con fondo de sierras.Pero cuando uno llega a San Javier, el paisaje cambia: se impone el verde y la sombra de los árboles sobre las calles empedradas. El pueblo va trepando y uno no puede eludir la imponente sombra del Champaquí, el cerro más alto de la región, con una altura de 2.790 metros sobre el nivel del mar. Es domingo de peña junto a la iglesia de San Javier, y un grupo de chicas se acerca al escenario con sus polleras largas y el pelo engominado en larga trenza. Angel prepara el locro en una olla gigantesca desde las 8, y espera que esté listo para las 13. La gente prueba alguna que otra empanada, entre gatos y chacareras. La jornada sigue, dice el animador, "hasta que el cura nos eche porque tiene que dar la misa".

En la plaza, el pequeño Nicolás, de cuatro años, da la tercera vuelta en burrito, mientras su amigo Tiago lo lleva de la cuerda. Empedrados, viejas construcciones coloniales, sauces, ferias artesanales y el murmullo del arroyo que pasa discretamente bajo la calle son algunas de las imágenes que uno se lleva de San Javier. Yacanto está casi pegada a San Javier, y es famosa por su antiguo hotel en el que los ingleses solían pasar sus vacaciones a principios del siglo pasado. Vale la pena hacer una pausa para el almuerzo y pasearse por los jardines que enceguecen de tan verdes. La Población es el pueblo que sigue, con una paz mística en sus calles de tierra que trepan por el cerro. La ruta sigue hacia el Sur y se torna más solitaria. La vegetación se reseca otra vez y se cubre de espinas. Aparece un lindo pueblo con un nombre más que apropiado: da la impresión de que sólo podría llamarse La Paz. Un desvío de un par de kilómetros conduce a Loma Bola: entonces sí llegamos a la Casa de Té Villa Dora.

Volcanes, túneles y palmeras

Puede resultar difícil imaginar un paisaje de palmeras en las sierras cordobesas, pero es lo que uno encuentra cuando sale de Mina Clavero hacia el norte por la solitaria Ruta Provincial 15. La excursión hacia Los Túneles nos llevará todo el día.El panorama nada tiene que ver con lo que conocimos hasta ahora. Aquí casi no hay pueblos, y la vegetación achaparrada desaparece. Sierras, palmeras y volcanes solitarios: el paisaje parece importado de otras latitudes. Las palmeras caranday recortan sus siluetas desplumadas contra el volcán Boroa, una pirámide perfecta que parece calcada de un libro de geometría. El camino se interna entre las Sierras de Pocho, y aparecen algunos pueblitos con arroyos y rebaños de cabras. En Las Palmas entramos a una capilla de adobe de más de trescientos años, dedicada a la Virgen del Rosario.

El camino sigue, hasta que después de una curva aparece la espectacular vista panorámica de los llanos riojanos. Ingresamos a la Reserva Natural Chancaní, y descendemos por la montaña a través de cinco túneles construidos en 1930, una extraordinaria obra de ingeniería para la época. Poco antes de cruzar el último túnel, paramos en un mirador. Un muchacho tiene allí un puesto en el que vende arropes, alfajores y dulces regionales. "Hace un rato estuvieron los cóndores, pasaron tan cerca que hasta les veíamos los ojos", dice ante nuestra mirada incrédula. Pero tiene razón: levantamos la vista y los vemos planear sobre las montañas como grandes barriletes negros. Vuelan en silencio, impulsados por el viento. "Destino de grandeza"

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