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13 julio 2010

Los Esteros del Iberá un laberinto de lagunas, ríos y arroyos

Es el reino de los pantanos, el junco, el yacaré de fauces abiertas, el carpincho y las balsas lentas del atardecer; las islas de plantas entrelazadas y el aguará guazú. Los Esteros del Iberá están conformados por cientos de riachos, arroyos, lagunas, bañados y embalsados, al norte de Mercedes, Corrientes ( Argentina).

Asentado sobre antiguos lechos del río Paraná, Iberá ocupa más de un millón de ha, lo que lo convierte en el segundo humedal más grande del mundo detrás del Pantanal brasileño. Pese a las distancias que los separan de los centros urbanos, acceder a los esteros resulta relativamente sencillo. Lo ideal es desde Colonia Carlos Pellegrini, la “puerta de entrada al humedal”. Este poblado rural –con menos de mil habitantes– se ubica sobre Iberá, una de las mayores lagunas de las sesenta que tienen los esteros. Desde allí es posible internarse a caballo en los pantanos, recorrer senderos que cruzan malezales y navegar las lagunas cuya profundidad varía de uno a tres metros, en botes que guían baqueanos.

Area protegida

Favorecida por las características geográficas que permitieron conservar en gran medida la virginidad natural, la fauna es muy variada. Especies amenazadas encontraron aquí un sitio protegido para su reproducción, como el ciervo de los pantanos, el venado de las pampas, el lobito de río, el yacaré overo, el carpincho, el mono aullador y el aguará guazú, una extraña especie de lobo de costumbres esquivas que sólo puede ser visto de noche, cuando sale a cazar roedores. Hay proyectos que intentan recuperar el yaguareté, extinguido hace casi cien años en Iberá y del que quedan pocos ejemplares en zonas cercanas, como Misiones y Chaco.

En la flora de los esteros, diversa y particular, se destacan el camalote y el irupé, especies acuáticas que toman parte activa en la formación de embalsados, unos conglomerados de vegetación y tierra que flotan a la deriva como grandes islas móviles. Tienen su origen en camalotales, en cuyo entrelazado de raíces se acumula tierra que luego termina convirtiéndose en un islote esponjoso sobre el que viven algunos animales e, incluso, crecen nuevas especies vegetales. Arrastrados sobre el agua por el viento y las corrientes, los embalsados cambian la geografía constantemente y dan lugar a leyendas sobre tierras que aparecen y desaparecen mágicamente de un día a otro.

No hay mejor manera de conocer los esteros que navegándolos. Explorarlos sobre un bote o una piragua permite no sólo vivenciar a pleno la geografía de la región, sino también entrar en contacto directo con los animales y disfrutar de la paz de la naturaleza. Pilotados por baqueanos que los deslizan sobre la superficie ayudados por largas varas de madera, los botes se mueven lentos, orillando los embalsados en la búsqueda de ciervos, carpinchos y yacarés, que suelen asolearse en las riberas. Sobre el agua quieta, el cielo se refleja como en un descomunal espejo, remitiendo a la voz guaraní de la que deriva el vocablo iberá, que significa “agua brillante”. Los guaraníes habitaban la zona a la llegada de los españoles, en el siglo XVI, pero se estima que antes se asentó aquí la etnia amazónica kaingang –“hombres de los bosques”–, que habría llegado a la Mesopotamia en el primer milenio aC.

El epílogo perfecto

Hacer pie sobre los embalsados resulta una experiencia inolvidable: hundido por el peso de los cuerpos, el terreno fangoso de los islotes parece ceder a cada paso. A veces, las piernas se sumergen en un pequeño bañado, en otras se pierde ligeramente el equilibrio tras haber sorteado un malezal. También sentimos que flotamos sobre un insólito colchón, hasta que un ciervo se nos aparece a corta distancia, entre unos pajonales cercanos. Admirándolo, es imposible no pensar en un premio para tanto juicioso andar sobre tierras de dudosa firmeza.

Tras los yacarés de fauces abiertas, aguas convertidas en espejos y ciervos de los bañados, el atardecer es siempre el epílogo perfecto para cualquier navegación por el Iberá. A la hora del último sol, los esteros se van perdiendo en las sombras agigantando ese carácter mítico del que hablan viejos pobladores. Tierras que hoy están y mañana desaparecen, islotes a la deriva; todo es posible en esta geografía cambiante.

Viajes: Echa un vistazo a las playas de la Florida desde la Web

Si te gustan las webcams y la posibilidad de espiar parajes lejanos, ya sea que los hayas conocido alguna vez o no, esta vez te traemos el dato de que puedes ver desde tu ordenador las hermosas playas de la Florida, al sur de los Estados Unidos.

Este sitio tiene por finalidad llevar tranquilidad a los futuros viajeros, preocupados por la forma en la que el derrame de petróleo en el Golfo de México pudo haber afectado estas playas.

Para ello se dispuso del micrositio Florida Live, que permite ver en vivo las playas de la Florida.

La Oficina de Turismo de Florida adicionó – además de las cámaras web –, reportes del clima en todos los destinos cubiertos, condiciones de las playas, y un videodiario realizado por un blogger de Florida Live.

Viajes: Escenas de un mundo perfecto por las islas de Tahití, Huahine y Moorea

Allá abajo, en Papeete, es casi medianoche. Hemos seguido en vano a un sol anaranjado en su derrotero hacia el oeste. Y ahora desde la ventanilla del avión, la isla apenas se muestra como un puñado de luces desparramadas al azar. Ninguna seña de identidad, ninguna imagen que deje intuir lo que vendrá. Es casi medianoche en Papeete y en el aeropuerto igual hay un revuelo de rituales. “Ia orana, maeva”, dice una mujer alta y flaca, toda vestida de blanco, a modo de bienvenida. Y coloca un collar de flores multicolores. A un costado, un trío toca el ukelele y entona canciones algo dulzonas, mientras otra mujer con una canasta colgando del brazo sale al paso y entrega una flor blanca y perfumada –tiare, la flor nacional, bastante parecida al jazmín– que hay que colocarse, como lo indica la tradición, detrás de la oreja. Hemos llegado finalmente a Papeete, capital de la isla de Tahití, epicentro de la Polinesia Francesa, luego de un largo vuelo con escalas en Santiago de Chile y la Isla de Pascua. Y nada calma la ansiedad. No es igual a cualquier aeropuerto, el aeropuerto que te han dicho que te deposita en las puertas del paraíso. Ni las flores ni el sonido del ukelele ni las sonrisas genuinas de las mujeres, nada calma las ganas de verlo y comprobarlo todo. Uno cree –lo ha escuchado, lo ha leído, se lo han dicho con decenas de adjetivos– que en esta geografía ahora cubierta por el manto negro de una noche cerrada, aquí, al otro lado del planeta, se acomoda un mundo casi perfecto.


Uno ha escuchado que aquí el mar es el mar más bello de todos los mares del mundo; que los atardeceres desprenden colores nunca antes vistos; que las mujeres que cautivaron a Paul Gauguin y Marlon Brando entran en trance cuando bailan; que los peces de colores saltan por encima de las olas; que los paisajes parecen una ensoñación; que las flores son gigantes; que los habitantes de las islas parecen ser felices. Uno supone, entonces, que aquí, en los remotos mares del Pacífico Sur, se esconde el paraíso. Y espera el momento para comprobarlo.
Del aeropuerto partimos en una combi y atravesamos Papeete. La ciudad, con 180.000 habitantes, es la más poblada de la Polinesia. Con sus casas bajas y una extensa costanera, podría ser a primera vista cualquier pueblito del Caribe. Las calles están llamativamente vacías. Apenas un puñado de jóvenes tomando cerveza en una plazoleta. “La Polinesia se disfruta de día”, aclara el conductor de la combi. Llegamos al hotel Radisson. Las olas rompen con furia a metros de la habitación. Es la una de la mañana en Tahití y habrá que intentar dormir algunas horas, aunque el reloj interno aún ajustado al tiempo de Buenos Aires, marque que recién son las seis de la tarde.

Bajo el sol tropical

Las islas de la Polinesia Francesa son las más aisladas del planeta. Basta con chequearlo en un mapamundi. Tahití queda a 9.000 km de Buenos Aires; a 6.000 de California; a 9.000 de Tokio y a 17.000 de París. Más cerca, la rodean Hawai, Pascua, Samoa, Fiji, Nueva Guinea y Australia.
Bajo el paralelo del Ecuador, la Polinesia es un conjunto de cinco archipiélagos formado por 118 islas dispersas en medio del Pacífico Sur. En total, la superficie de los cinco archipiélagos suma 4.200 km2, que flotan en medio de 4 millones de km2 oceánicos (superficie similar a la del continente europeo). Tahití es el epicentro de las llamadas Islas de la Sociedad, que además incluyen a Moorea, Bora Bora, Maupiti, Tahaa, Huahine y Raiatea, entre otras perlas que flotan entre el cielo y el mar.

Tahití es el punto de llegada y partida de cualquier viaje a la Polinesia. Se le suele dedicar sólo un día de estadía. Es algo así como la antesala del paraíso.

Partimos en una combi por la mañana para recorrer el centro de Papeete. Visitamos primero el James Norman Hall Museum, instalado en la antigua casona donde vivió el escritor de la novela Motín del Bounty, protagonizada en cine por Clark Gable, Marlon Brando y más recientemente por Mel Gibson.

Luego visitamos el Wan Museum Pearl, donde se explican los distintos pasos del cultivo de perlas y se exhiben ejemplares, que en algunos casos llegan a un precio de medio millón de dólares.

Saludos y camisas hawaianas

Al final del recorrido llegamos al mercado, uno de los puntos más genuinos de la ciudad. Es una enorme construcción de dos plantas, estilo galpón, que ocupa una manzana donde se amontonan productos de todo tipo, en medio de un desbordante ambiente de voces, aromas y colores.
Hay entre cientos de mesas apiñadas todo lo que uno se puede imaginar: aros, collares de caracoles, caracoles, remeras con el nombre de las islas, pareos, frutas, frutos de mar y pescados enormes, conservas, aceites para el cuerpo, tikis de todos los tamaños (unos tótems bastante feos, que tienen el supuesto don de proteger a las casas y sus habitantes), perfumes, bolsos, sombreros y varios locales de tatuadores, que están siempre llenos de gente.

Al salir del mercado, un hombre de baja estatura, con un collar de flores y vestido con camisa de mangas cortas, se abre paso, gallardo, entre la gente a pura sonrisa y saludos, aunque no le sean devueltos. Detrás del señor que reparte saludos, cuatro hombres corpulentos lo acompañan hasta un auto. “Es Gaston Sang, el presidente de la Polinesia Francesa. Vino al mercado para la apertura del Congreso del aceite de coco”, apunta el guía de la secretaría de Turismo local, Albert, un gigantón con una camisa hawaiana negra con flores blancas también gigantonas.
Albert dice que estuvo con algunos ex presidentes argentinos; que integró la comitiva que guió por la isla a Carlos Méndez –sí, Méndez repite risueño cuando se le pregunta qué dijo– y a Néstor Kirchner, que aquí también se escapaba de sus custodios, siempre según las incomprobables palabras de Albert.

Hacia Huahine

Las hélices del avión de Air Tahití nos impulsan con rumbo a la isla de Huahine. En el trayecto, nos preguntamos –medio en broma y medio en serio– cómo hará el piloto entre tantas islitas desparramadas en medio del mar, para saber cuál es la indicada para el aterrizaje. A la media hora del despegue, sobrevolamos Huahine.
La vista, ahora sí, a pleno sol, es conmovedora. Desde el aire, la isla parece un cuadro impresionista, con sus montañas tapizadas de un verde brillante y la increíble gama de colores del mar que la abraza. Entre la costa y los anillos de coral, el agua de la Polinesia es celeste y muy calma, al punto que a ese sector se lo llama laguna; pasando los arrecifes, el mar se vuelve esmeralda, turquesa, azul profundo.

Huahine, que en lengua local significa sexo de mujer, es una de las islas más autóctonas de la Polinesia. Para llegar al hotel Te Tiare, uno de los dos grandes resorts de la isla, abordamos un lanchón en el pequeño pueblo de Fare. “Huahine es como Bora Bora hace 50 años, antes del turismo masivo”, se enorgullece un nativo en la lancha.

Atravesamos un mar obscenamente transparente y a los diez minutos llegamos a Te Tiare, construido en una bahía de arenas blancas y aguas turquesas al pie de una montaña selvática. Nos recibe un nativo en el muelle haciendo sonar un caracol gigante. Y otra vez aceptamos inclinar la cabeza y que nos coloquen un collar de flores multicolores.

A la mañana siguiente, nos encontramos con Armando para hacer una excursión náutica alrededor de la isla. Armando es nativo de Huahine, lleva un pareo anaranjado y una escandalosa corona de flores y grandes hojas. Armando juega al “buen salvaje”, aunque a cada rato se olvide del papel. Lleva tres tatuajes: dos guardas en el antebrazo derecho y una en el izquierdo. “Antes los tatuajes hablaban de la historia de una persona. Ahora no, es moda, uno mira un catálogo y se hace el que más le gusta. Son lindos, ¿no?”, dice y se mira los brazos.
La excursión incluye un almuerzo en un motu (isla desierta). Armando prepara los platos a metros del mar turquesa: mahi-mahi (el pescado típico de las islas), lomo de atún frito, cerdo, pollo y una deliciosa ensalada con pez espada cortado en dados, pepino, tomate y zanahoria, condimentada con limón y jugo de coco. Luego arroja restos de comida al mar y a los segundos empezamos a almorzar a metros de centenares de peces de todos los colores y tamaños que sacuden el agua cristalina.

Antes de partir, toca el ukelele y canta, pero repentinamente suena el celular que lleva en su pareo anudado a modo de chiripá, pide un momento y se pone a hablar dándonos la espalda. ¿Quién era?, preguntamos. “Nadie, nadie”, cambia de tema.

Entre tiburones

La lancha avanza sigilosa como un pez por las aguas turquesas. Estamos en medio del mar más bello de todos los mares. Calmo como una pileta y enorme como un desierto. En algunos tramos, el agua se confunde con el cielo, y el mar entonces parece marcar que luego de él ya no hay nada. Y sobreviene una rara sensación de que cualquier cosa puede estar ocurriendo en el mundo en este mismo momento en el que uno sigue concentrado en los colores que la lancha va dejando atrás. Pero Armando pega un grito y anuncia que nos llevará a nadar con tiburones.


”Vamos a ver a Claude”, grita. Claude es un francés sesentón que hace 20 años abandonó París, se radicó en Huahine y adoptó un oficio al menos raro. En un viejo barco anclado a un km de la costa, Claude vive ahora de alimentar tiburones y mostrárselos de cerca a los turistas. Hay que ubicarse detrás de una soga, a unos cinco metros del barco y desde allí con snorkel se puede observar cómo Claude le da de comer a los tiburones. La indicación es tajante: no se puede pasar del otro lado de la soga, donde sólo estarán él y los tiburones.

Los más audaces ya están ubicados en primera fila. Claude golpea el agua con enormes trozos de pescado y a los segundos empiezan a aparecer aletas grises por todos lados. Los tiburones deben tener dos metros de largo. Se pasean desafiantes. Aunque no parecen muy interesados en los turistas que los miran desde cerca, snorkel de por medio. Alguien advierte que los tiburones se pasaron del otro lado de la soga y nadan a nuestras espaldas. Volvemos dando largas brazadas al barco, aunque los tiburones que se nos cruzan cambian de rumbo más rápido que nosotros. Armando ríe con ganas. “Nunca se han comido a un turista”, asegura.

A la noche hablamos del encuentro con los tiburones, mientras disfrutamos de un sahimi de atún rojo y frutos de mar, acompañados por un frutado blanco francés. De sobremesa, aun habrá tiempo para disfrutar desde un ventanal con vista al mar de una enorme mantarraya que se mueve a centímetros de la superficie, tal vez atraída por la luz del hotel.

Otra isla, el mismo mar

El vuelo 261 de Air Tahití nos deposita en media hora en Moorea, la segunda isla en importancia turística luego de Bora Bora. A la mañana siguiente, tomamos otra excursión náutica, que promete llevarnos a un santurario de delfines. La travesía va descubriendo una sucesión de bahías con fondo de montañas de curiosas formas y espesa vegetación. En cada bahía, un hotel con bungalows construidos sobre el agua. En esas habitaciones rústicas por fuera y a todo confort por dentro, hay pisos de cristal para espiar a toda hora la vida acuática.

A la media hora de navegación, llegamos finalmente a una zona donde un centenar de delfines nada en círculos, a menos de un kilómetro de la costa. “Están nadando dormidos, por eso no saltan”, dice Harold, timonel de la embarcación. Más adelante, llegamos a un piletón cercano a la costa. Apenas se detiene la lancha, desde todos lados se acercan mantarrayas.

Están acostumbradas a que las alimenten desde los barcos y acuden a toda velocidad. Como los perros de Pavlov, pero bajo el agua. Apenas se pone un pie en la arena, se vienen encima. Tienen el lomo áspero y la panza algo gelatinosa. Son inofensivas, pero hay que cuidarse de no pisarlas; en ese caso, atacan.


A la noche, asistimos al Tiki Village Theatre, dirigido por Olivier Briac, un coreógrafo francés que acredita haber dirigido a Moria Casán en el Tabarís de Buenos Aires. Ahora comanda un cuerpo de 60 bailarines y un complejo a orillas del mar que aspira a mostrar la auténtica vida de los antiguos habitantes de la Polinesia. Hay tiendas donde se puede ver cómo trabajan los artesanos y viviendas típicas. Todo huele un poco a espectáculo for export, pero el cierre con danzas típicas justifica la visita.

Final del juego

Ultimas imágenes del paraíso. Un ferry nos lleva hasta Tahití. Hay que empezar a pensar en la partida. Pero aún quedan algunas horas de playa. Otra vez, los paisajes hipnotizan. Desde la cubierta, la isla de Tahití parece una ensoñación. Tras el mar azul, entre la bruma, aparece la silueta de la isla con sus casitas colgando de la ladera de la montaña. A la tarde, llueve en el paraíso. Y uno igual no le puede sacar la vista al paisaje. Está nublado y ahora el mar parece haberse vuelto plateado. Las gotas repiquetean contra el piso y las palmeras se zarandean.

Todo dura unos cuantos minutos. Hasta que el sol vuelve a brillar y el mar se convierte otra vez en una pileta turquesa que muere en la arena fina y negra de Papeete. El agua está tibia y los peces nadan en fila india cerca de la costa: azules, rojos, amarillos, anaranjados, fucsias. El mar retiene, aplaza la despedida. Y uno quiere unos minutos más. Y se da el último chapuzón.

Mientras preparo la valija, miro el paisaje por última vez; miro como quien sabe que ya no verá y trato de retenerlo todo. Ha empezado a caer el sol. El mar está planchado, exótico en su inmensidad. En medio de esa nada inabarcable, diminutas, aparecen dos piraguas. Sólo ellas y el sol anaranjado sobre el mar. ¿Qué se sentirá estando tan solo en medio del paraíso? Miro ya en descuento, cuando la partida es un hecho inevitable. Y las últimas imágenes de la Polinesia me siguen pareciendo una ensoñación. No es fácil acostumbrarse a tanta belleza. No es fácil acostumbrarse a la Polinesia.

09 julio 2010

Viajes: Minneapolis - St.Paul, las ciudades gemelas

Las dos ciudades más grandes del estado de Minneapolis son Minneapolis y St. Paul. Juntas son conocidas como las Ciudades Gemelas, y en la zona se las llama simplemente “The cities“. El Río Mississippi divide las dos ciudades y,cada una tiene un estilo diferente.

Minneapolis, es una metrópolis moderna y St. Paul, con su ambiente histórico, es más a la vieja usanza. Ambas comparten algunas cosas, como los equipos deportivos. El equipo de fútbol americano Los Vikingos, el equipo de básquetbol Timberwolves y el equipo de béisbol Twins juegan en Minneapolis, mientras que el equipo de jockey Wild, juega en St. Paul.

¿Qué ver en Minneapolis-St.Paul?

Jardín de Esculturas de Minneapolis, una atracción gratuita con la reconocida escultura llamada “Puente de Cuchara con Cereza“ de Claes Oldenburg. A poca distancia está el Museo de Arte Walker, con programas y exhibiciones de arte contemporáneo, visual e interpretativo.

Zona de Uptown: esta es la zona gastronómica por excelencia. Si el clima lo permite, podrás comer en alguna terraza al aire libre. Esta zona tiene muchas opciones de comida y no está lejos de …

Cadena de los Lagos, cuatro lagos que son fantásticos para divertirse al aire libre. Hay un circuito para bicicletas que rodea los lagos y siempre está lleno de ciclistas y personas patinando o corriendo. Se pueden alquilar canoas y kayaks. En el Escenario Cubierto del Lago Harriet siempre tiene alguna clase de espectáculo musical en vivo.

Llegando a St.Paul, cruzando el río, veremos dos grandes edificios con cúpulas redondas. La cúpula blanca y dorada pertenece al Capitolio Estatal de Minnesota y la otra, situada sobre una colina, es la Catedral católica de St. Paul. Hay visitas guiadas por la catedral de lunes a viernes a las 13 hs, son gratuitas.

Avenida Summit: donde se encuentran las antiguas mansiones victorianas nacidas a la luz del dinero del ferrocarril, allá por mediadis del siglo XIX. Algunas de las casas más antiguas de la región se encuentran aquí, por ejemplo la James.J.Hill House, de un magnate ferroviario y que puede ser visitada.

El Parque Zoológico y Conservatorio Como en St. Paul es, aunque no lo crea, un zoológico gratuito, aunque te pidan una donación de 2 dólares. La exhibición más nueva es la “Odisea del Oso Polar“. Este verano, el zoológico recibió a dos osos polares mellizos, Buzz y Neil.

Las Ciudades Gemelas son famosas por su gigantesco Mall de América, con más de 520 tiendas, cuatro tiendas principales: Macys, Bloomingdales, Nordstrom y Sears, y un montón de opciones para divertirse: el Universo de Nickelodeon y un parque de diversiones cubierto en el centro del mall. En la planta baja está el Acuario Aventuras Bajo el Agua. También encontrarás un cine, una cancha de golf de miniatura con 18 hoyos y el un Laberinto de los Espejos. Este centro comercial se encuentra en el barrio de Bloomington.

¿Qué ver en la zona?

Minnesota, la tierra de los 10.000 lagos (aunque son mas de 11.000) es conocida por sus peculiares atracciones turísticas junto a la ruta, muchas de las cuales se pueden explorar con un corto viajecito de un día por los afueras de las Ciudades Gemelas.

El Museo de SPAM está unos 160 km al sur de las Ciudades Gemelas, en el pueblo de Austin, al este de la autopista interestatal 35. Un museo dedicado al picadillo de carne enlatado (!)

En Darwin, Minnesota, a 75 km al oeste de Minneapolis, está La Bola de Hilo Más Grande del Mundo Enrollada por un Hombre. Esta bola fue iniciada y acabada por Francis A. Johnson, quien trabajó enrollando hilo cuatro horas por día. Hoy en día, la famosa bola de hilo está en exposición 24 horas al día, en una exhibición cubierta.

Por lo que ven, las “Ciudades Gemelas” nos pintan un típico retrato americano. Encontrarás todo lo que esperas ver: muy “American style”

El acuario de Oberhausen, donde vive el pulpo Paul

En el Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010, un animalito perteneciente a un acuario alemán ha ganado una notoriedad nunca imaginada. Se trata del pulpo Paul, que vive en Sea Life, un complejo de vida submarina de la ciudad de Oberhausen, al oeste del país.

Es que parece que Paul tiene poderes especiales de videncia, y ha sido capaz de acertar el resultado de todos los partidos que la selección alemana se ha disputado en este mundial, incluyendo la derrota ante Serbia – algo que desde luego era difícil de pronosticar –, y por supuesto el triunfo español en la semifinal.

De hecho, acertó también todos los partidos de la última Eurocopa…menos la final, donde dio ganador al equipo teutón que finalmente perdió ante España.

Turismo: Las mejores playas de Cuba

Cuba es uno de los mejores destinos de vacaciones de verano por los que puedes optar en el Mar Caribe. Es sensacional pues tiene de todo bastante: bastante de naturaleza hermosa, bastante de playas soberbias y bastante de rica e interesante historia. Pero bien, que si se trata de vacaciones de verano no hay como estar acostado en una playa de arenas blancas mirando el mar turquesa manso como una piscina, ¿no es cierto? Por eso, hice una selección de las mejores playas de Cuba:

. Playa Paraíso y Playa Sirena: estas dos playas están conectadas y son espectaculares. Son lenguas de arenas blancas sobre la costa de Cayo Largo del Sur, en el extremo occidental y protegido de la isla. Sobre la playa Paraíso hay un simple restaurante y el hecho de que no hay nada más solo le suma privacidad y encanto.

. Varadero: imposible no nombrar este destino. Es la playa premier que ofrecen todas las agencias. Eso sí, por eso mismo siempre tiene mucha gente, mucho hotel y mucho de todo. Pero es una buena opción ya que está muy cerca de La Habana y tiene una extensión de 21 kilómetros de playa ininterrumpida. Hermoso.


. Playa Ensenachos y Playa Mégano: ambas están situadas en Cayo Ensenachos, una isla muy pequeña que es parte de la Cayería del Norte. Es ideal para nadar porque se forma una piscina natural de casi 100 metros de extensión.

. Playa Ancón: otro clásico. Se trata de una fabulosa playa de arenas blancas que está realmente muy cerca de uno de los mayores tesoros de Cuba: la ciudad de Trinidad. Cultura colonial y naturaleza, una genial combinación.

. Cayo Coco y Cayo Guillermo: mis favoritos. Estos pequeños cayos son lugares hermosos, sobre la costa norte, y están separados de la isla mayor por una carretera artificial que se mete en las aguas, como si viajaras derecho al Paraíso. Son sitios geniales para disfrutar del sol y hacer snorkel y buceo.

. Cayo Sabinal: otro pequeño cayo pero esta vez sobre la costa noreste. Sus playas resplandecen, tiene arrecifes de corales y no hay facilidades para el turismo pero sí una rica flora y fauna.

. Guardalavaca: es un balneario muy bonito y bastante visitado aunque no tanto como Varadero. Hay una interesante zona de arqueología precolombina, mucha vegetación tropical, arenas blancas y aguas color turquesa.

06 julio 2010

Un hotel de lujo para mascotas en Disney World de Florida

Quienes tenemos mascotas domésticas sabemos del cariño y fidelidad que estos animalitos nos brindan y por ello se merecen lo mejor. Ahora, quienes elijan el centro de diversión Disney World de la Florida como destino de vacaciones y viajen junto a sus mascotas, tendrán la oportunidad de alojarlos en un establecimiento a todo lujo para nuestros queridos amigos.

Se trata del hotel Best Friends Pet Care Resort que muy pronto será inaugurado en el Walt Disney World Resort, en Florida, y que será manejado por la compañía Best Friends Pet Care Inc, fundada en 1991, la cual ya cuenta con más de 40 centros de cuidado de mascotas en 18 estados de Estados Unidos, como también cinco hoteles para perros en Walt Disney World Resort, que serán sustituidos con la inauguración del nuevo centro vacacional de mascotas.

El nuevo Hotel Best Friends Pet Care Resort tendrá más de 4.000 metros cuadrados con caminos, áreas de juego y espacio para alojar a hasta 270 perros y 30 gatos por una noche, así como pequeñas mascotas como hámsters, cobayos, conejos y hurones. Pero para animales que les gusta el confort, el hotel también contará con cuatro habitaciones VIP con televisor, camas en alto y patios privados, un parque acuático sólo para caninos de 121 metros cuadrados, un salón de aseo, camas ortopédicas, y atenciones especiales, tales como helados o atún para picar.

Viajes: Bahía, la de los mágicos rincones de Brasil

La emoción y la certeza de llegar a un lugar único se experimenta ya al sobrevolar Salvador de Bahía . Aunque toque el asiento del medio en la fila de tres, la ventanilla del avión dispara la primera impresión de esta ciudad que es puerta de entrada al nordeste de Brasil : un mar brillante por el sol del mediodía y algunos barrios de casas bajas, parejitas, interrumpidos por morros de arena blanquísima.

Una vez en tierra, golpean los 32 grados de sensación térmica. Recién llegados, nos sumergimos en los relatos de Jorge, que además de guía es cantante aficionado y tiene, para cada rincón de Salvador, versos apropiados. Al llegar a la playa de Itapuã , se despacha con un estribillo de Vinicius: “É bom passar uma tarde em Itapoã/ Ao sol que arde em Itapoã/ Ouvir o mar de Itapoã/ Falar de amor em Itapoã”.

Recorremos la costanera y descubrimos esa influencia portuguesa, por ejemplo, en las veredas de piedras blancas y negras. Ese contraste cromático también está en la gente: Bahía tiene un 80% de población negra y la influencia africana es muy fuerte. El sincretismo religioso es una de las pruebas de ello, por el que conviven el catolicismo y los dioses del afrobrasileño culto candomblé. Esas mujeres bahianas con sus vestidos impecablemente blancos, sus collares coloridos, sus pañuelos en la cabeza y esos hombres fibrosos que hacen capoeira son una fiesta.

Luego subimos al Pelourinho, el corazón de Salvador, su casco histórico, en la parte alta de la ciudad. Allí las calles son empedradas y empinadas, por momentos más angostas, por momentos más anchas, como cuando uno se topa con el edificio celeste de la Fundación Jorge Amado, el escritor bahiano que eligió ese paisaje para su novela “Doña Flor y sus dos maridos”.

Casas a dos aguas con muchas ventanas de marcos blancos y vidrio partido, cada una de un color diferente son foco de las fotos mientras algunos vendedores abordan a los turistas: tienen sus brazos llenos de collares, eligen uno para regalar y te lo cuelgan del cuello. El primero te lo regalan, el segundo te lo venden, claro. La tarde va cayendo entre artistas callejeros y negocios de artesanías y souvenirs.

Los pasos desembocan en la iglesia de San Francisco, del siglo XVIII. Su interior está íntegramente trabajado en oro y es realmente deslumbrante. Las iglesias compiten en belleza; cada una con su encanto particular.

El programa indica que hay que ir despidiéndose de Salvador porque Praia do Forte espera, 60 km más al norte. Es hora de volver a la ciudad baja en el Elevador Lacerda, un ascensor público de estilo art decó que recorre los 72 metros que separan a la ciudad alta de la baja. Ya abajo, frente al puerto, el sol desapareció y no ilumina las fachadas coloniales, desperdigadas en esa muralla natural que cae abruptamente sobre la bahía.

Tras una seguidilla de pueblitos por la llamada Ruta de los Cocoteros, Praia do Forte recibe con su brisa húmeda y su esplendoroso horizonte marino del atardecer.

Al día siguiente, este pueblo de pescadores, hoy bastión del turismo ecológico, revela su hermosura al calor del sol. Recostada sobre el mar de agua transparente, “la vila” consta de unas pocas callecitas, con una peatonal principal repleta de árboles, negocios, restaurantes y bares con mesas afuera.La modesta iglesia de San Francisco, con sus dos pequeñas arcadas en la entrada y sus ventanitas que dan a la playa, es otro de los puntos más pintorescos de Praia do Forte, al lado de la arena.

Esa misma iglesia, cuando la noche ya haya caído, se verá iluminada en todo su contorno con pequeñas lucecitas mientras un grupo de mujeres vestidas de blanco canten a cappella con el cura para recordar, una vez más, que la alegría es brasileña.

Pero antes de eso hay una visita al Castillo García D’Avila, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Brasil y el lugar que le da nombre al pueblo. Es una casa fortificada que comenzó a ser construida en 1551 y se terminó en 1624, ubicada en la parte más elevada del terreno, a 3 km del mar. Los arqueólogos realizan allí un importante trabajo de restauración de la casa, la iglesia y de más de 30.000 objetos hallados.

De vuelta en Praia do Forte, llegamos al Proyecto Tamar, que protege a las tortugas marinas. Existen siete especies en el mundo y cuatro desovan en estas playas. Además de la preservación de las tortugas, el objetivo del centro es educar sobre la amenaza que representa para estos animales la contaminación de su hábitat.

A las 4 y media de la tarde, nos dirigimos hasta la arena porque es hora de liberar al mar a 23 tortuguitas marinas. Los turistas filman y sacan fotos. Se desplazan con esfuerzo y, cuando la primera llega al mar, se escuchan aplausos y gritos.

También en la vila está el Instituto Baleia Jubarte (ballena jorobada), ligado a la conservación de esos cetáceos. Otro de los encantos del lugar son las piscinas naturales que se forman cuando la marea baja y son ideales para practicar snorkel.

Praia do Forte está inmersa en la gran Mata de São João , ese paraíso tropical que tiene su versión más salvaje en la cercana Reserva de Sapiranga , unas 600 ha protegidas en las que vale la pena internarse para hacer una caminata o un paseo en cuatriciclo para terminar tirándose en una tirolesa sobre el río.

Aunque las actividades de aventura abundan, Praia do Forte también es “o lugar perfeito para fazer absolutamente nada”, sobre todo en este resort 5 estrellas que lleva el nombre del pueblo y en el que todo es perfecto. La estructura en armonía con la naturaleza, las piscinas que son una continuación del océano y un espléndido spa.

Y uno vuelve trayendo esa botella de cachaça con la firme esperanza de revivir aquellos días bahianos, pero, claro, fracasa. Por más que suene el CD de Vinicius y uno le ponga mucha onda a la preparación de la caipirinha, no es lo mismo. Habrá que volver.

Turismo: Coyoacán, bohemia a la mexicana

No fue sino hasta mediados del siglo XX cuando el barrio de Coyoacán quedó inmerso en la Ciudad de México y se convirtió en el corazón bohemio y cultural del DF. De ser la villa de descanso de las familias ricas trasmutó en epicentro mágico de artistas e intelectuales.

Coyacán es, además, el lugar donde nació, amó y murió la pintora Frida Kahlo, un laberinto de calles con aires coloniales donde abundan las librerías, galerías de arte, centros culturales, cafés, restaurantes con terrazas que huelen a tortillas y un zócalo donde la Catedral y el ayuntamiento dan cuenta del barroco mexicano. Grandes mansiones remiten a una fundación franciscana y en una sola calle, la Francisco Sosa, hay al menos 65 edificios que son patrimonio histórico.

Por sus calles empedradas, las caminatas se hacen una aventura a cada paso: aquí, las casonas pintadas de púrpura y amarillo vibrante; allí los jardines con verdes intensos y fuentes de agua. Museos, espectáculos de danza, foros de teatro independiente, el mercado y las tiendas que expresan el ser mexicano en cada detalle impregnan el aire de fiesta. Rico en eclecticismos, se vislumbra en una esquina el fantasma de León Trotsky y en otra, el del poeta Octavio Paz, ambos vecinos ilustres del barrio.

Desde un bar, suena la música del mariachi Vargas. Más adelante –ya cerca del centro– la voz de la gran Chavela Vargas sale de una radio que un viejo sentado en la vereda sostiene contra la oreja. No sólo emociona por su profundo canto. Ella fue testigo de los tiempos en que la Casa Azul, donde vivía el tempestuoso matrimonio de Frida Kahlo y el muralista Diego Rivera, era centro de tertulias ilustradas.

En el refugio de Frida

En la esquina de Londres y Allende está la vivienda –hoy museo– que compartieron estos dos grandes artistas mexicanos. Tras las paredes azul cobalto, con aberturas verdes y ventanas anaranjadas, ellos construyeron su mundo público y privado. Porque su intimidad era, si se quiere, frágil: siempre estaban rodeados de huéspedes o con reuniones a las que concurrían magnates como Nelson Rockefeller, músicos de la talla de George Gershwin, actrices mexicanas como María Félix y Dolores Vidal, así como Chavela Vargas, en el último tiempo.

Aquella época gloriosa acabó con la muerte de Frida, a los 47 años en 1954. Sin embargo, la impronta de la turbulenta y apasionada vida conyugal, así como las costumbres de la sociedad de entonces, están en toda la casa. En el centro está el jardín, repleto de estatuillas con ídolos precolombinos y una exuberante vegetación. El salón y la cocina están decorados con un purísimo estilo mexicano. El dormitorio está junto a la cocina y en un perchero cuelga la ropa de trabajo del gran muralista. Sobre la cama, hay un almohadón bordado por Frida donde reza: “No me olvides, amor mío”. A un costado, el caballete que le regaló Rockefeller y, por todos lados, gran profusión de espejos a los que acudía para pintar sus autorretratos. Su sillón de ruedas está en el estudio, que da al jardín. Cuadros suyos y de Rivera se exhiben junto a películas que proyectan algunos pasajes de su vida, marcada por el compromiso político.

Al menos otras dos casas despiertan gran curiosidad: la de la Malinche y la de Hernán Cortés. La primera está justo enfrente del Jardín de la Conchita, y fue erigida en el siglo XVI. Tiene muros rojos y gruesos, y grandes ventanales con barrotes de hierro. Le dicen “La Colorada”. Se cree que allí vivieron durante un año, hacia 1521 o 1522, Hernán Cortés y su compañera tabasqueña. Actualmente está habitada por los pintores mexicanos Rina Lazo y Arturo García Bustos que abren las puertas al visitante. Está entre las calles Vallarta e Higuera.

La casa de Cortés es la Casa Municipal ubicada en el zócalo, con reformas realizadas en el siglo XVIII. Museos interesantes resultan el de Anahuacalli, ideado por Pedro Rivera, que recrea el mundo prehispánico y el Nacional de Culturas Populares.

El barrio de la cultura

¿Pero cuál es el punto ideal para iniciar el descubrimiento de Coyoacán? Sin duda, la plaza principal llamada Jardín Hidalgo, con su glorieta de cúpula vidriada y, sobre un costado, la parroquia de San Juan Bautista y sus siete capillas. Este es el epicentro de la vida social del barrio. Cerca están las ferias de artesanías y los espacios verdes como el Parque de los Viveros, con su bosque de acacias, el parque Xicotencati, próximo al museo de las Intervenciones y al Centro Nacional de las Artes. También aquí está el Campus de la Ciudad Universitaria –la UNAM, la mayor de América Latina– en la zona Los Pedregales, con un Centro Cultural muy activo.

Con las primeras sombras se encienden las luces de las cantinas, como La Guadalupana, que está en la esquina de Higuera y Caballocalco. Los grupos se van reuniendo y entran a beber cervezas con botanas, nombre que se les da a los platillos que componen una picada a la mexicana. No faltan los taquitos y las enchiladas, los nachos y el guacamole.Pura algarabía, especialmente de viernes a domingo, con peñas donde canta el que quiere y hay músicos que tocan, por ejemplo, “Adiós, muchachos” haciendo caso omiso al 2x4 y convirtiendo el tango en un lamento digno de Cuco Sánchez.

Por las tardes, un buen programa es visitar la Cineteca Nacional con filmes mexicanos de antología. Otro es revisar la cartelera del Centro Nacional de las Artes (CNA) donde dan espectáculos de buen nivel. Puede ocurrir que entre el público veamos a la escritora Ángeles Mastretta o, tal vez, a otra pluma consagrada como Laura Esquivel.

Cuando es época de la Feria del Libro, aunque se monta en el zócalo del DF, Coyoacán se contagia: sus librerías y puestos callejeros de libros y revistas usados, sacan “tesoros” de las estanterías. Para comprar recuerdos está la feria de artesanías, por la calle Aguayo hacia el sur. Allí hay de todo: pintorescos árboles de la vida inspirados en el Génesis, que aunque son originarios de Metepec, a 50 km, son piezas tan típicas como únicas. Otra opción son los amates, tapices coloridos o dorados pintados sobre la parte interna de la corteza de los árboles. Los hay muy delgados, como el papel, y son ornamentos que usaban los aztecas.

Después de un fin de semana coyoacanense, el cuerpo pide una tregua. Debería haber, en alguna parte, un cartel que advirtiera: “Coyoacán, un lugar intenso. Como el buen tequila, bébase con moderación”.

03 julio 2010

Correa de cuello solar para que la cámara no se quede sin batería

¿A quién no le ha sucedido alguna vez durante un viaje, qué justo cuando desea tomar varias fotografías de un lugar de ensueño la batería está agotada? A mi personalmente me ha ocurrido en unas cuantas ocasiones.

A partir de ahora y gracias al diseñador Weng Jie, podremos contar con una correa de cuello solar para nuestras cámaras de fotos.

Esta correa aprovechará las muchas horas que normalmente pasan bajo los rayos del astro rey durante nuestras excursiones.

Quizás las pequeñas placas solares instaladas en la correa no logren recargar por completo la cámara, pero si consiguen mantener la batería y de este modo impiden que llegado el momento nos quedemos sin la posibilidad de continuar sacando fotografías.

Esperemos que este diseño no se quede en un cajón olvidado y un fabricante se lance a producir, la Solar Camera Strap, como ha sido bautizada por su creador.

Turismo: La Habana, tocada por la música

"Echale salsita, échale salsita”, repite la canción, pegadiza como la miel. El quinteto acaba de acomodarse en un rincón del restaurante y ya obliga con su música a mover los pies debajo de las mesas. Estamos en un restorancito frente a la Plaza de la Catedral, que hemos elegido un poco al azar para nuestra primera comida en Cuba y que, según el cartel de la entrada, se llama Don Giovanni pero, según el menú, Doña Isabel.

Días después parecerá que esa elección fue lo que podría llamarse un signo. No por haber sido ésa la primera comida, sino por ser el primer tema musical que escuchamos en Cuba. Echale salsita lo escribió y lo tocó por primera vez en 1933 Ignacio Piñeiro con el Septeto Nacional y hoy muchos le atribuyen a ese título el origen de la palabra “salsa”, que une, entre otros ritmos, merengue, mambo, chachachá, rumba, y desune y confunde a cubanos, dominicanos, venezolanos, estadounidenses de origen latino y todas las nacionalidades que tengan relación con el Caribe. Salsa –me quedo con ésta entre todas las explicaciones que circulan– es una palabra que empezó usándose para marcar cierto sabor de la música del Caribe y que por extensión terminó nombrando de manera imprecisa a una cantidad de ritmos que lo tienen, o presumen de tenerlo.

Como sea, “échale salsita” es la instrucción perfecta en Cuba, la que todos los cubanos aceptan con ganas. Para la comida, para la música, para el baile, para el amor, para la vida. “Salí de casa una noche aventurera, buscando ambiente de placer y de alegría”. Así comienza Echale salsita. Y los cubanos siguen esos versos casi como un mandamiento. Cada noche miles, salen a cumplirlo en las calles de La Habana.

Eso lo sabe uno la primera noche que pisa las calles de la ciudad y se encuentra con pequeñas multitudes reunidas alrededor de la música en el Malecón (la costanera), en los bares, en las plazas o en los cabarets.

Pero antes, durante el día, ha recorrido las maravillas de la Ciudad Vieja, en plena restauración de su patrimonio arquitectónico, y se ha enterado de que la música también reina de día.

Es que todo el tiempo hay grupos –buenos grupos– tocando sones o guajiras en la calle, en los bares y restaurantes, en las plazas. Hay mejores y peores, pero todos tienen nivel profesional. Durante el día, la música de esas decenas de bandas flota en el aire de la ciudad como un aroma, al que no se puede ser indiferente. Nadie pasa por La Habana sin ser tocado por la música.

Así, con ese sonido que, a veces parece la música en off de una película, uno recorre el centro histórico de la ciudad –fundada en 1559 con el nombre de San Cristóbal de La Habana–, unos dos kilómetros cuadrados donde viven 61.000 habitantes. El recorrido por esas maravillas tiene siempre escalas musicales, frente a un grupo que toca en una esquina o en una plaza o siguiendo a una comparsa que desfila por una calle empedrada.

El paseo puede empezar en la Plaza de San Francisco de Asís, frente a la antigua iglesia de San Cristóbal, hoy lugar de conciertos de música clásica. Y dejarse llevar por el oído. Cuando se necesite un descanso del calor y la humedad agobiante, hay varios bares imperdibles. Está la famosísima Bodeguita del Medio, muy cerca de la Plaza de la Catedral, donde se toman los mejores mojitos. Allí, en los dos lugares, seguro hay música: en la Bodeguita y frente a la imponente Catedral.

Pero el lugar donde siempre se quiere volver es el Floridita, el hermoso bar y restaurante donde Hemingway tomaba sus daikiris y ahora lo reemplaza una escultura de bronce, con sonrisa canchera y un brazo apoyado en la barra con su copa cónica de daikiri. Nadie pasa por allí sin sacarse una foto con él. Ahí también hay música, desde luego.

La restauración de La Habana Vieja es un proyecto hoy muy vinculado con el crecimiento del turismo occidental, que comenzó en Cuba en 1993. Hoy, la isla recibe dos millones y medio de turistas cada año, que ya son la principal fuente de ingresos.

Hay sobre todo tres zonas de la ciudad donde se alojan y que recorren los turistas: Miramar y Vedado, dos barrios residenciales, y la Habana Vieja. Y es también en esos barrios donde por la noche se escucha música y se baila. Las opciones para conocer ese circuito son innumerables, y el siguiente es sólo un recorrido posible.

Casa de la Música Miramar (con sows en vivo y baile)
Sobre todo para jóvenes. Conviene llegar antes de las 12 de la noche para encontrar mesa, pero el show en vivo empieza cerca de la una. Aquí, el principal contratiempo es el volumen de la música, que llega a doler en los oídos. Antes del show, todo ocurre en las mesas, donde se charla, se fuma, se toma sobre todo ron. La voz del DJ anima el ambiente con informaciones y saludos entusiastas: “¡Hoy nos acompaña Boris, el tecladista de los Van Van! ¡Hay una mesa de argentinos, saludos para la Argentina! ¡Por allá está Bernardo, el único negro rubio de La Habana!” Después llega la música en vivo, generalmente grandes bandas de jazz latino. Casi todo el mundo baila, sobre todo los cubanos, que son mayoría. Después del show en vivo lo que más suena es el reggaeton. Hora de irse. Calle 20 N° 3308 esq. 35, Miramar, teléfono: (537) 204 6147. La entrada cuesta US$ 15.

La Zorra y El Cuervo (conciertos de jazz y cocteles)
Es un sótano bien de jazz que abrió en 1997, muy tranquilo, con ambiente de pub inglés, muy buen sonido, una barra y alrededor de veinte mesas ocupadas por mayoría de turistas y una minoría de intelectuales, estudiantes, músicos y artistas. Hay un show de 11 a 12.15 y otro una hora más tarde. Nos tocó escuchar al grupo Bellita & Jazz Tumbatá. Bellita es una excelente cantante y tecladista. Buen daikiri, aunque más flojo que el de La Floridita. Calle 23 entre M y N, Vedado, teléfono: 833 2402. La entrada sale US$ 10 e incluye dos tragos.

Habana Café (cenas, boleros y espectáculos de danza)
Dirigido principalmente a los turistas, es un restaurante y café donde se cena a la carta y se escucha excelente música cubana en vivo, con un ambiente que recrea el de La Habana de los años 50, la de los años previos a la Revolución. La decoración incluye una antigua motocicleta Harley-Davidson, un Buick de 1957 y hasta una avioneta, además de antiguos carteles publicitarios (inclusive de Coca-Cola), una rareza en Cuba, donde la publicidad está prohibida por ley. El público es en general mayor de 30 años. Además de música, hay espectáculos de danza y varieté. Nos tocó ver a Racatán, ungrupo de danza de una destreza deslumbrante y a Los Diéguez, una pareja que hizo un espectáculo de circo que podría llamarse “Todo lo que un hombre y una mujer pueden hacer sobre una bicicleta y Ud. ni imaginaba”. Después llegaron la Havana Jazz Band, orquesta de unos veinte experimentados músicos de boleros. Un problema de este lugar: el volumen de la música que hace imposible cualquier conversación. La música llena el espacio. Lo demás es silencio.
Habana Café. Hotel Meliá Cohíba. Paseo y 3a, Malecón, tel: 833 3636. La entrada es de US$10 e incluye dos tragos.

Gato Tuerto (restaurante, boleros y café-concert)
De lo mejor en la noche de La Habana: una antigua casona que resulta un poco chica para la gente que atraen su música y sus artistas. Un lugar para la bohemia de los cubanos y muy amigable para los turistas. Tuvimos la suerte de escuchar a una de las mejores voces de Cuba, la mulata Osdalgia, que llenó la noche de boleros. Pero, sobre todo, de asistir al show de una leyenda viviente de Cuba: Juana Bacallao, una negra de 90 años que a fuerza de canto, humor, presencia magnética y un dominio absoluto de la escena y del público, se hace querer en minutos. Cuando termina su magia, se saca la peluca verde y deja el escenario ayudada por sus músicos, convertida otra vez en una anciana encorvada. Calle 0 esq. 19, Vedado, teléfono: 836 0212. La entrada es de US$ 5 e incluye un trago. Jazz Café (cena, baile y bandas de jazz latino)
Está entre los preferidos por los cubanos de entre 25 y 35 años. Se puede cenar y a las 11 tocan grupos de jazz, sobre todo latino, y se baila. Calle Paseo y 3a, Vedado, tel: 838 3302. La entrada es de US$ 10 e incluye consumición.

Tropicana (shows con músicos, cantantes y bailarinas)
Un cabaret de fama mundial, similar a lo que son en París el Lido o el Crazy Horse, que es una tradición cubana desde su creación en la década del 30. Se lo identifica por su escenario a cielo abierto, –“un paraíso bajo las estrellas”– y por su arco de cristal. Actuaron allí estrellas como Nat King Cole, Josephine Baker o Libertad Lamarque. En el show participan 200 músicos, cantantes y bailarinas de primer nivel. Pero en este siglo le falta un toque de ironía, que le permita sostener esa estética un poco Carmen Miranda, de brillos, flores y frutas en la cabeza. www.cabaret-tropicana.com, tel. (537) 267 1717. Entrada, de US$ 70 a 90, según ubicación.

Extraordinaria muestra de momias comienza en Los Ángeles

Los amantes de la arqueología deben comenzar a estar atentos, puesto que la ciudad de Los Ángeles es la primera en el mundo en albergar una impresionante muestra de momias, que reúne cuerpos momificados accidental o artificialmente de seres humanos y animales.

En total, habrá unas 140 momias humanas que van desde un bebé peruano de 6.500 años de antigüedad, pasando por un noble alemán, una familia entera de Budapest, varios animales egipcios hallados junto a sus dueños, entre otros.

La muestra “Mummies of the World” – Las Momias del Mundo – comenzará a recorrer una serie de ciudades, de manera que no hace falta estar en Los Ángeles para verla sino que hay que esperar a que esté más cerca de casa.

La exhibición además cuenta con espacios multimedia donde se explican los numeroso métodos y técnicas científicos que se utilizan para estudiar estas momias sin deteriorarlas. Así, se puede conocer la antigüedad de cada una de ellas, las causas de la muerte, edad exacta al momento de morir, entre otras cosas que son de utilidad para la ciencia.

Hay momias y piezas procedentes de casi todos los rincones del mundo: Sudamérica, Europa, Asia, Oceanía y Egipto.

30 junio 2010

Quito, la preciosa capital ecuatoriana

Quito es una ciudad preciosa, capital de Ecuador. Es la ciudad más antigua de todas las capitales del subcontinente americano, además, es la ciudad más poblada de su país. Su nombre real es San Francisco de Quito, pero todos la conocen como Quito.

Este hermoso lugar se encuentra rodeado de montañas, muchas de ellas son antiguos volcanes que conforman un paisaje único, sin dudas, este es uno de los puntos de interés turístico más importante de la ciudad, junto también con el inmenso tesoro colonial, que hoy en día se sigue conservando y que contiene una serie muy interesante de pinturas, tallas y esculturas.

Algunas compañías low cost ofrecen vuelos baratos a Quito, si se reserva el billete de vuelo con anterioridad a través de Internet. Ésta es una excelente posibilidad para ahorrar un poco y conocer uno de los lugares más lindos del mundo.

Quito fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en el año 1978, es que en ésta mágica ciudad encontraremos más de 100 edificaciones declaradas de gran interés turístico, entre ellas importantes museos y monumentos como la Basílica del Voto Nacional, la Iglesia de La Catedral, el Museo de la Ciudad de Quito, el Museo del Banco Central y la Capilla del Hombre.

Paseos imperdibles en La Paz, Bolivia

Bolivia tiene sus encantos, sus paseos por diferentes regiones nos da la pauta de que es un país con diferentes paisajes y formas de vivir las tierras altiplanas. Una de las grandes atracciones de este país es sin dudas La Paz.

Llegué en un vuelos La Paz una mañana fría pero soleada, donde descubrí la belleza de una ciudad enorme, contrastrante y siempre en movimiento. En el momento que partí de mi hotel y salía recorrer la ciudad infinita, rodeada por altas cumbres, muchas veces nevadas en sus picos.

Las bellezas que atesora La Paz son muchas, especialmente en relación a la arquitectura y cultura indígena y colonial. Una recorrida por las iglesias y templos antiguos nos da la pauta de la belleza de antaño, que posee grandes reliquias antiguas.

Los museos están a la orden del día en La Paz, con una oferta muy variada e interesante. Visité varios de ellos entre los que mas me gustaron fueron el Museo de Tiwanaku, sobre el nacimiento de la cultura americana, el Museo de Arte y de Tambo Quirquincho está recién remodelado y cuenta con nuevas piesas en su haber, además del Museo de Etnografía y Folklore, en donde se pueden aprecián muy buenos montajes etnográficos, así como también de disfrutar de una excelente y completa biblioteca.

Otro de los paseos imperdibles por La Paz fue conocer los mercados artesanales que se encuentran en una de las calles laterales de la Iglesia de San Francisco, el templo más importante del centro de la ciudad. Allí pude encontrar objetos decorativos, comidas típicas y artesanías de los pueblos originarios, con una belleza totalmente singular.

También me divertí con la experiencia que visitar la calle de los brujos, en una calle empedrada y escondida, donde tradicionalmente montan sus puestos los Yaritis (brujos en aimará), allí uno de ellos, a través de los elementos de la tierra me habló de mi pasado y mi futuro, de lo que me deparaba la madre naturaleza para mi.

Sin dudas este brujo dejó algo en claro: que volveré a visitar Bolivia. Y en verdad no se equivoca al decir eso, pues mi corazón y mis ansias de viaje se quedaron con ganas de conocer mucho más de La Paz.

Turismo bajo lluvia en México DF

Mientras el hemisferio sur entra de lleno en el invierno el hemisferio norte empieza a caldearse y a temer por esos terribles días de extremo calor. Esperemos no contar este año con olas de calor tan intensas como las de los veranos anteriores, ¿no es cierto? Pero bien, que mientras los del norte pueden viajar al sur en vacaciones y escapar del calor los del sur, con vacaciones de invierno, llegan al norte para disfrutar de algunos días cálidos. En América del Norte uno de los países más interesantes desde el punto de vista histórico, cultural y de bellezas naturales en México.

México tiene de todo, playas bonitas, ruinas milenarias, misterios, museos, un gran pasado colonial… ¿qué más puedes pedir? La puerta de entrada a este país suele ser el DF, el Distrito Federal o Ciudad de México. Es una ciudad cosmopolita, enorme, con tiendas, teatros, cines, centros comerciales, restaurantes, bares y museos. Debes dedicarle unos días antes de seguir viaje a la costa del caribe que sé, es uno de los destinos favoritos de muchos turistas. ¿Pero hace mucho calor en el DF mexicano? Bueno, la ciudad tiene un clima templado y no suele sufrir temperaturas extremas. Así, mientras en invierno la máxima es de 18ºC en verano ronda los 28ºC. Aunque es una temperatura tolerable entre mayo y septiembre llueve mucho, casi todos los días.

Entonces, ¿qué puedes hacer cuando llueve en el DF? Pues puedes visitar el Museo Nacional de Arqueología, el Museo Nacional de Historia-Castillo de Chapultepec, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el Palacio de Bellas Artes, el Museo Frida Khalo, el palacio de la Minería, la Casa de los Azulejos y la espeluznante Exposición de instrumentos de tortura y pena capital sobre la Calle de Tacuba. Como ves, en tu ruta deberás incluir sitios techados así que si llueve lo mejor que puedes hacer en Ciudad de México es no dejar un museo sin ver.

27 junio 2010

Turismo: Días a todo placer en los Siete Lagos

Desde el primer km de la ruta 234, que une San Martín de los Andes con Villa La Angostura, Neuquén, pareciera que la melodía que emerge del paisaje forma parte de un disco de música “new age”: el piar de los pájaros, el agua de un lago manso golpeando sobre la orilla y el leve movimiento de los árboles producido por la brisa invernal.

El paisaje –lleno de colores ocres, fuertes y contrastantes–emociona, relaja y hace feliz. Esta mezcla de sentimientos de bienestar convierte al Circuito de los Siete Lagos en un lugar para volver una y otra vez, ya que en los distintos momentos del año muestra una cara diferente. Se trata de un circuito turístico ideal para buscar aventura con mochilas cargadas en la espalda, dada la cantidad de opciones que ofrece: los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo Grande.

También vale la pena aprovechar los senderos sugeridos en los parques nacionales Nahuel Huapi, Lanín y Arrayanes. La ruta serpentea entre los hermosos espejos de agua que se complementan con cascadas, pequeñas bahías y pueblitos de ensueño. Conviene realizar el paseo en auto, para poder detenerse en cada mirador y lugar encantado. También es posible realizarlo en bicicleta o a pie, aunque para disfrutarlo sin complicaciones conviene tener un buen estado físico.

Las condiciones de la ruta son irregulares y se están llevando a cabo tareas de pavimentación. Durante los momentos más intensos del invierno, Vialidad Nacional suele tomar la decisión de cortar la ruta por precaución, de acuerdo a la cantidad de nieve. El tramo más complicado es el de 45 km de ripio entre Pichi Traful y el cruce de las rutas 234 y 231. Los restantes 65 km están pavimentados. Para evitar inconvenientes, lo mejor es informarse a través de la Secretaría de Turismo de San Martín de los Andes, llamando al teléfono (02972) 427-347.

Los colores del bosque

El primer lago a visitar es el Lácar, cuya orilla llega al casco urbano de San Martín de los Andes. De color azul verdoso, que según la hora del día refleja los árboles y las montañas, el lago se abre lugar entre la Cordillera y el bosque de cipreses. Si el visitante tiene tiempo y hace el circuito sin un cronograma ajustado, puede desviar en el km 5, donde aparece la entrada a la playa Catritre. Cien metros más adelante, la ruta 108 conduce hasta Quila Quina, donde habita la comunidad mapuche Curruhuinca. Aquí se levantan viviendas residenciales, un muelle desde donde se obtiene una vista muy distinta del Lácar. Frente a esta escollera, tienta una confitería, ideal para probar una picada de trucha, ciervo, jabalí y otras exquisiteces regionales, arropados por el fuego del hogar mientras ventanas afuera sopla un viento que se hace cada vez más frío con el correr de la tarde.

Volviendo hacia la ruta, se observa el cordón Chapelco de frente, mientras el camino asciende por el bosque de roble pellín y se llega al mirador Pil Pil. Desde aquí se obtiene una panorámica sobre el Lácar, con los cerros Vizcachas, Sabana y Colorado. Apenas un kilómetro hacia la izquierda aparece el desvío para ir al centro de esquí Chapelco. Fuera de la temporada invernal, se puede practicar trekking y otros deportes de aventura. Pero, quién sabe, quizás durante el otoño se produzca alguna nevada impensada que permita calzarse los esquís. No sería raro.

Cinco kilómetros más adelante, en el mirador del arroyo Partido, hay que detenerse para observar la belleza de la vista panorámica y los dos brazos del arroyo. Uno va a desembocar en el Atlántico y el otro, en el Pacífico. El izquierdo se convierte en el arroyo Culebra, que serpentea las aguas del río Hermoso, mientras que el derecho se convierte en el Pil Pil. Unos metros más adelante hay un cruce de caminos. Hacia la izquierda, la ruta conduce a Bariloche, pasando por el lago Meliquina y el Paso Córdoba, mientras que el Circuito de los Siete Lagos sigue a la derecha. La siguiente parada es el lago Machónico, delimitado por estepas y bosques. Unos 7 km más adelante, luego de tomar un pequeño desvío, se llega al lago Hermoso, que hace honor a su nombre. Entre la vegetación, aparece la cascada Vuliñanco, para volver a detenerse unos minutos, sacar fotos y seguir viaje. Con las nieves eternas que controlan desde lo alto, los siguientes dos lagos aparecen en simultáneo. A la izquierda, se encuentra el Falkner y, a la derecha, el Villarino, que ofrece otra vista mágica, con los tibios rayos de sol atravesando los árboles, destacando los colores intensos del bosque.

Tal como indica su nombre, el lago Escondido se oculta entre la vegetación, aunque un cartel lo delata. Al estar frente a frente, se distingue su profunda tonalidad verde esmeralda. Antes de llegar a La Angostura, aparecen los lagos Espejo y Correntoso. El primero cuenta con una de las vistas más lindas del paseo. Llamado así por la transparencia de sus aguas, el Espejo es el más concurrido por los mochileros. El Correntoso, en cambio, es ideal para pescar salmónidos. En este lago nace el río homónimo, uno de los más cortos del mundo, que desemboca en el lago Nahuel Huapi. Al final del circuito, un cruce de caminos invita a girar a la izquierda, e ir en busca de una taza de chocolate caliente en alguno de los encantadores cafés de Villa La Angostura y repasar, al abrigo del fuego, las imágenes de un paseo distinto, pero igualmente fascinante.

Se presentó el diseño de Calatrava del nuevo museo de Río de Janeiro

El prestigioso arquitecto catalán Santiago Calatrava presentó el proyecto final de lo que será el Museo del Mañana, a emplazarse en la ciudad de Río de Janeiro en el marco de las obras que está realizando la ciudad de cara a ser la sede de las Olimpíadas de 2016, y también de recibir la próxima Copa del Mundo de la FIFA.

El Museo del Mañana se erigirá en la zona portuaria de la bahía de Guanabara y se caracterizará por ser un edificio ambientalmente sostenible, que al mismo tiempo intentará incentivas hábitos “verdes” en los visitantes.

Ésta será para Calatrava “el proyecto museístico más importante de mi carrera”, y demandará unos 130 millones de reales, o lo que es lo mismo, unos 60 millones de euros.

Se emplazará dentro de lo que se conocerá como Puerto Maravilla, un proyecto que intentará revitalizar una zona de la urbe carioca convirtiéndola en un espacio moderno de viviendas, tiendas, y otros espacios como este museo, algo que ya te habíamos anticipado.

Se espera que el nuevo museo se convierta en un emblema de la ciudad, a la altura del Cristo del Corcovado y del Pan de Azúcar. Su diseño está inspirado en la ciudad misma y tendrá unos 12.500 metros cuadrados, divididos en dos plantas. A su vez, estará flanqueado por dos albercas paralelas que tendrán la finalidad de refrescar el edificio en verano, además de la cuestión estética. También, el edificio estará recubierto de grandes estructuras dinámicas que no sólo se moverán para dar sombra, sino para captar la energía solar mediante placas fotovoltaicas. La estructura se irá modificando a lo largo del día para aprovechar mejor la energía natural del sol. Además, estará construido con mucho material reciclado para impactar al mínimo al ambiente.

Se espera que se inaugure en el segundo semestre del año 2011.

De shopping en Nueva York

Aprovechando una de esas ofertas de viajes baratos a Nueva York y junto con algunas amigas y compañeras de adicciones por las compras, los zapatos, los bolsos y perfumes, decidimos viajar a la gran manzana.

Antes de partir llevábamos un idea de lo sitios que visitaríamos, teniendo en cuenta que nuestro motivo era hacer compras y, si quedaba algo de tiempo, pasear.

Es que la ciudad es enorme y la tentación por pasar mucho tiempo en Manhattan, se volvía cada vez más fuerte. Allí comienzan y acaban todos los turistas.

Para dar los primeros pasos decidimos ir a la oficina de Turismo. Llevamos la dirección apuntada, era en Times Square, pero costó encontrarla entre tanto cartel luminoso que tapaba la fachada.
Allí nos informamos de las diferentes atracciones de la ciudad y no pudimos evitar hacer nuestra primera compra: entradas para los musicales de Broadway.

Compramos un CityPass aunque también había disponible un ExplorerPass, coincidimos rápidamente en que este viaje no era de “exploradoras” sino de “consumidoras”.

El CityPass nos dio acceso a 6 atracciones por 80 dólares, el otro pase era más caro pero tenía más accesos y de mayor calidad, sin embargo, la falta de tiempo para descubrir la ciudad nos inclinó por la primera opción, la más barata.

Agarramos muchos folletos en la oficina de turismo, paramos en un café cercano y analizamos la situación. El Tour de compras comenzaba al día siguiente por lo que debíamos hacer del día lo más productivo posible.

El CityPass nos dio acceso a los Museos MoMa, el Metropolitan y el Museo de Historia Natural, allí fuimos.

Dado que el único tour que “realmente” nos interesaba del ExplorerPass era el Tour de Sex and the City pagamos aparte ese costo y también la entrada del Top Of The Rock o el Empire State.

De todos los Museos que visitamos el de MoMa fue el que más me gustó y recomiendo, a menos que no te guste el arte moderno. Además, en los alrededores del Museo está Manolo Blahnik 31 West 54th Street, un Starbucks y un puesto de comida callejero muy bueno.

De las compras les hablaré luego puesto que necesitaría mucho más que un blog para contar el placer de zapatos, bolsos y perfumes que vivimos en unos pocos días en Nueva York.

25 junio 2010

Videos promocionales: descubre Rio de Janeiro



La “cidade maravilhosa tiene mil caras, y todas fascinan al visitante. Sus playas, su naturaleza. La fuerza y dinamismo de su personalidad, en su gente, en sus calles. La dinámica propia de Rio de Janeiro con su forma de vivir la ciudad por parte de los cariocas y su abierta cordialidad al visitante.

Recordemos algunos datos de Rio de Janeiro: la segunda ciudad más grande y poblada de Brasil tras São Paulo y también de una de las más importantes ciudades en Brasil. Se la llama A cidade maravilhosa (“la ciudad maravillosa”) por su belleza.

Fue la capital de Brasil desde 1763 hasta 1822, mientras Brasil fue una colonia portuguesa, y luego hasta 1960 como una nación independiente, cuando la capitalidad del país se mudó a la recién construida Brasilia, la capital actual.

En Rio de Janeiro nacieron Antonio Carlos Jobim, Oscar Niemeyer, Paulo Coelho, Vinicius de Moraes o Roberto Carlos. También salieron de sus calles gran cantidad de futbolistas de elite, como Pelé, Ronaldo, Romario, Zico o, Didí.

Aquí nació, también una de las canciones brasileras más famosas del mundo: A garota de Ipanema, con letra de Vinícius de Moraes y música de Antonio Carlos Jobim.


Turismo: La Ruta del Spondylus por Ecuador

Centroamérica es un destino que alberga infinita cantidad de sitios maravillosos, relacionados especialmente con la diversidad de su naturaleza y con el legado de las civilizaciones precolombinas. La Ruta del Spondylus por Ecuador es una de las tantas formas de descubrir estos tesoros.

Esta ruta sigue la costa de Ecuador sobre el Pacífico, y se puede extender aún más para el lado de Perú. Recibe ese nombre de la concha sagrada, símbolo de riqueza para esos pueblos originarios de los que hablábamos. Fue símbolo de fertilidad del suelo y prosperidad, al punto que llegó a utilizarse como si se tratase de una moneda.

Pero en esta ruta no sólo se sigue su legado, sino que también se puede disfrutar de sol y playa, ecoturismo, gastronomía, aventuras, artesanías locales, etcétera.

Así, en esta ruta se puede conocer las primeras civilizaciones de estas tierras, que datan de unos 11.000 años atrás, o conocer la enorme biodiversidad de la zona ecuatoriana, que incluye por ejemplo unas 700 especies de aves. También se presta a la práctica de diversas actividades deportivas, todo en una sola ruta turística.

También nos toparemos con las 13 zonas de la reserva ecológica Manglares-Capaya Mataje, o también podremos visitar el Parque Nacional Machalilla, única reserva isleña-continental de Ecuador, que además cuenta con algunas de las especies que se encuentran en las Galápagos.

Por estos días, comenzó en la Ruta del Spondylus el avistaje de ballenas francas en Súa, Pedernales, San Vicente, Bahía, Puerto López y Salinas. Más información, en este link

Viajes: Perito Moreno y la danza de la naturaleza

Se pueden hacer cruceros, deportes de invierno, practicar turismo rural, bucear, contemplar su flora y fauna y hasta ejercer como arqueólogo y paleontólogo. La inmensa variedad de las actividades que pueden realizarse en la Patagonia, la región geográfica ubicada en la parte más austral del Cono Sur de Sudamérica, es directamente proporcional a su colorido, su belleza y su majestuosidad.

La parte que corresponde a Argentina (la Patagonia se sitúa a caballo entre este país y Chile) es un territorio realmente mayúsculo. Está cargado de misterio, genera tal poder de atracción y seducción que el visitante sólo puede dejarse abrazar por la inmensidad de sus horizontes. Porque al fin y al cabo, el hecho de estar en la Patagonia argentina implica darse cuenta de lo insignificante que es el ser humano cuando se planta ante semejante estallido de naturaleza y magnificencia.

Es una explosión de sensaciones que se extiende por sus 930.000 km2 y de la cual se sienten tremendamente orgullosos sus 2.000.000 de habitantes. No es para menos, ya que en esta exuberante región, se encuentra la que hoy día es considerada la octava maravilla del mundo: el Perito Moreno.

Este imponente glaciar, ubicado entre los 47º y 51º de latitud sur, se extiende sobre el brazo sur del Lago Argentino, con un frente de cinco kilómetros de longitud y sesenta metros de altura. Bautizado con ese nombre en honor a Francisco Moreno, inquieto expedicionario de la zona austral y fundador de la Sociedad Científica Argentina, es una de las reservas de agua dulce más importantes del mundo.

Probablemente, el mayor espectáculo que ofrece el Perito Moreno es su derrumbe. Somos así. No es su formación lo que más nos atrae, sino la contemplación de una ruptura inesperada, una quebradura con la cual se levantan grandes capas albicelestes de hielo y nieve. El proceso es largo: en su avance, el glaciar represa las aguas del Brazo Rico del Lago Argentino, provocando que el nivel de aquel llegue a elevarse hasta 30 metros por encima del lago. Posteriormente, se crea un túnel con una bóveda de más de 50 metros que acaba cayendo debido a la actividad erosionante del agua.

Se trata sin duda de un cambio de estado apasionante: un juego de fuerzas que se ha repetido irregularmente y que ocurrió por última vez el 9 de julio de 2008. Antes de la quiebra, los visitantes más aguerridos y expertos pueden transitar sobre él, con ropas y calzados especiales y la ayuda de guías especialmente entrenados. Los menos atrevidos, los que prefieran contemplar a cierta distancia cómo es el danzar de la naturaleza, pueden hacerlo desde un sistema de pasarelas y miradores dispuestos a unos 400 m del glaciar.

21 junio 2010

Turismo: Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires

El Museo de Bellas Artes en Buenos Aires, Argentina, es uno de los más importantes en América del Sur por la calidad de su colección permanente y la diversidad y originalidad de sus exposiciones temporales. Uno de los imperdibles si quieres descubrir cultura y arte, y ver lo mejor de esta ciudad vibrante.

El Museo Nacional de Bellas Artes (o MNBA como se lo conoce en general) fue inaugurado en 1895 en otro edificio. Recién en 1931 se trasladaría al edificio en el que se encuentra actualmente. En la década de los 80 se inauguró el primer piso del museo, ante la multiplicación masiva del patrimonio del museo. Esta sección del museo estuvo especialmente dedicada al arte argentino del siglo XX, más salas de arte precolombino.
El museo aún sigue creciendo en sus colecciones y en su estructura. La sección de arte argentino fue rediseñada con un aire super moderno y atractivo para el visitante a comienzo del siglo XXI. Al mismo tiempo se han remodelado muchas instalaciones para priorizar el rol del arte interactivo y multimedial, haciendo que el MNBA sea parte de la revolución que experimenta el arte al encuentro con la tecnología.

El museo ofrece visitas guiadas, audioguías en español y en inglés, circuitos educativos y visitas para escuelas. También hay un circuito para niños.

Ubicado en la avenida Libertador 1473, se puede visitar de martes a viernes de 12,30 a 20,30 y sábados y domingos de 9,30 a 20,30. La entrada es gratuita, excepto para ciertas exposiciones temporales. Averiguar por descuentos para estudiantes, profesores, jubilados, etc.

Transformar la favela en una obra de arte

Las favelas en Rio de Janeiro están ubicadas en las laderas de los morros que se internan en la ciudad. Tienen, por ello las mejores vistas del centro y las playas cariocas. Un proyecto intenta convertir la favela en una obra de arte.

La caótica organización de una favela y su implantación en cada rincón de la ladera de la sierra, la convierten en un amasijo de construcciones aparentemente improvisadas.

Los artistas holandeses Haas y Hahn se sintieron inspirados por ese paisaje de fachadas de mil formas, tamaños, materiales y orientaciones, y decidieron que sería el mejor lienzo para una obra de arte ciudadana.

Así es como junto con los habitantes de la favela Santa Marta, sobre el centro de Rio de Janeiro, la están transformando llenándola de colores siguiendo un patrón establecido que la convertirá en una obra de arte intergral.

Si te interesa seguir el proceso o conocer otras obras ciudadanas de estos artistas, puedes visitar su web: Favelapainting.

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