
Es esta una situación que preocupa porque las lluvias se hacen esperar y no sólo afectan a este destino tan visitado por el turismo sino también a la agricultura y la ganadería de la zona.
Pero claro que las esperanzas están puestas en que el otoño sudamericano traiga consigo lluvias que alimenten a los ríos y éstos, a su vez, a las Cataratas y que, así, el turismo pueda apreciarlas en todo su esplendor y no tenga que ser testigo de un triste espectáculo de hilos de agua que se deslizan sin fuerza por los diferentes saltos.
Cabe destacar que, en los primeros cuatro meses de este año el promedio de precipitaciones no alcanzó ni a la mitad del promedio del mismo período del año anterior y que, en algunos sectores, la profundidad del río llegaba a tan sólo 90 centímetros cuando allí deberían haber entre 4 y 5 metros.
Un problema que ya ha afectado a las Cataratas en ocasiones anteriores y que, con las primeras lluvias, pudo solucionarse. Aunque claro que las sequías cada vez más frecuentes son un llamado de atención para todos.